Los matrimonios o las pareja están formadas por personas, y las personaras, no nos olvidemos, estamos sometidas al devenir del tiempo. Dicho con otras palabras, los seres humanos no somos estáticos sino que cambiamos y por ese motivo no todos los días son iguales.

Hay días buenos y también días peores en los que no nos apetece comunicarnos o, simplemente preferimos estar concentrados en nuestros problemas. A veces también puede ser simplemente por cansancio o quizá porque pensamos que ya es inútil hablar con tu pareja de lo que te preocupa.

Aislarse, hacer oídos sordos, por cualquier causa, es acelerar el proceso de ruptura porque en toda relación humana (en toda, no sólo en la pareja) es necesario un proceso efectivo de comunicación. Eric Fromm en su libro  “El arte de amar” de se dice de manera especialmente significativa que para amar a alguien es necesario conocer a esa persona. ¿Cómo voy a quererte si no te conozco? Pero para conocer es, a su vez, necesario comunicarse… que quién tengo a mi lado me explique lo que ocurre para yo intentar hacer la vida mejor y se cumplan sus proyectos ya aspiraciones

Quizá no te sientas completamente identificado o identificada con tu pareja después de tantos años, o quizá ya no sientas lo mismo o creas que esa persona está haciendo mal algunas cosas en vuestra vida en común. En una situación así, aislarse o esconder la cabeza como una avestruz es algo que precipitará la ruptura.

La clave es analizar lo que está pasando en tu relación. Incluso puedes para ello pedir ayuda a un profesional. Aunque creas que tu pareja ya no cambiará, debes expresar tus emociones y hacerle saber qué te ocurre o qué sientes a su lado, para avanzar juntos.

 

 

 

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