MUCHAS de las personas con las que trabajo terminan sus sesiones preguntándome cómo pueden volver a enamorarse sin sufrir de nuevo un desengaño como el que les trajo hasta mí. Desgraciadamente, les digo, no hay garantías en esto de el amor, como tampoco las hay en la amistad o en cualquier otra cosa que tenga que ver los seres humanos, esa especie inadaptada que busca incesantemente una esperanza. En realidad, cada vez que te enamoras, cada vez que sales con
alguien y te ilusionas renace la vulnerabilidad, que es lo propio de los seres humanos. Esto no significa ver la vida desde una perspectiva pesimista o negativa; simplemente es la vida, la realidad. Aunque veamos que a nuestro alrededor hay muchas parejas que funcionan bien durante años, o quizá durante toda la vida, es posible que tú no puedas vivir esa experiencia. No pasa nada: a cambio vivirás otras experiencias que las parejas estables no tendrán.

Las relaciones sentimentales están demasiado influenciadas por cuentos de hadas, mitos, películas, literatura… que alimentan la idea un amor romántico, un amor que en realidad no existen. Las relaciones sólo funciona si existe una dosis generosa de sacrificio por parte de los dos miembros. Si uno de los dos falla, si uno de los dos desvía gran parte de su energía hacía otra cosa que no es su pareja, la relación se deteriora y posiblemente se rompa. En la vida hay múltiples cosas en las que debemos preocuparnos, y la pareja es una más. Es un esfuerzo, un trabajo diario que no acaba nunca.

Si hemos sufrido más de una ruptura sentimental importante hay que pararse a pensar qué hechos provocaron la ruptura; quién la provoco y cómo. Para que una pareja dure en el tiempo depende de un compromiso mutuo, un trabajo diario en el que hay que demostrar que estamos ahí día tras día.