TODO EL MUNDO SABE que viajar en metro es rápido, cómodo y en general una buena forma de moverse por la ciudad. En Madrid, por ejemplo, si tomas la Línea 1 en la estación de Sol y quieres llegar a Cuatro Caminos, al norte, tendrás que por las estaciones de Gran Vía, Tribunal, Bilbao, Iglesia, Ríos Rosas y finalmente Cuatro Caminos. Si vas en metro tendrás necesariamente que pasar por todas esas estaciones en las que el tren se detendrá y donde subirán y bajarán viajeros. Sería estupendo que el convoy no se detuviera en aquellas estaciones a las que tú no te diriges —porque recordemos tu destino es sólo Cuatro Caminos— pero no es posible. Así son las cosas. Del mismo modo me gustaría presentarme a las oposiciones a juez, pero antes tengo que ser licenciado en Derecho y aprobar todas y cada una de las asignaturas que componen esta carrera. También me gustaría bucear por las profundidades del Mar Rojo, pero antes tengo que pasar por un curso adonde me enseñen cómo usar el aire comprimido o me expliquen cómo realizar correctamente la descompresión; no hacerlo así sería peligroso.

En un proceso de ruptura de pareja ocurre algo similar. Para intentar la reconquista, seguir con nuestra vida o comenzar otra relación hay necesariamente que pasar por una serie de etapas, que como las estaciones de metro se han de suceder unas a las otras. No hay otra forma. Sé que tras la ruptura surgen emociones difíciles de controlar: confusión, impotencia, tristeza, frustración e incluso venganza, se solapan y se suceden para quién es abandonado. Comienza un proceso de soledad y de duelo más o menos largo en el tiempo que debemos superar de la mejor manera posible, como digo, paso a paso y sin saltarnos ninguna etapa. Sé que puede llegar a ser un periodo muy difícil adonde todo parece haber dejado de tener interés: nos abandonamos a nosotros mismo tanto a nivel físico como intelectual, dejamos de alimentarnos, no se rinde en el trabajo o en los estudios y no nos concentramos en nuestras tareas más cotidianas. Alguien a quién traté hace algunos años lo describió de forma espeluznante diciéndome que tenía la extraña sensación de ser un muerto viviente, alguien que caminaba sin rumbo buscando un lugar donde definitivamente caer. Terrible. Sin embargo es una es una etapa más de la vida y pasados varios meses llegarás a la meta, que es la definitiva aceptación de la ruptura. Una mañana te levantarás de la cama y te preguntarás cuánto tiempo hace que no piensas en esa persona que decidió no estar a tu lado y te dirás a ti mismo o a ti misma frente al espejo, cuánta razón tenían aquéllos que te decían que la vida no se acaba en una semana o en un mes, sino que es para mucho más tiempo. Pues bien, sólo después de haber aceptado la ruptura y hayas recuperado la sonrisa será cuando estés preparado para recuperar a tu pareja: habrás llegado a tu estación y podrás bajarte del tren.

Lo más importante, sin duda, es que identifiques las etapas del duelo de la mejor manera posible. Que sepas dónde te encuentras y, sobre todo, que tengas muy claro que llegarás al final. Es habitual que estas fases o etapas de la ruptura no sean lineales y se solapen entre ellas, o bien se alterne entre unas y otras con vaivenes que pueden durar algunas semanas. Muy resumidas, estas son las etapas (o las estaciones) por las que tendrás que pasar:

Ruptura y negación de la realidad. Es el primer golpe. Tu pareja te ha dicho varias veces que no desea verte y parece estar segura de querer continuar su vida sin ti. Esto puede parecerte extraño porque, tal vez, hace sólo unos días esta misma persona te estaba diciendo lo mucho que te quería y es posible incluso que hicierais el amor con todas normalidad unas horas antes. Es como sin esperarlo te tiraran un cubo de agua fría y, claro, tardas unos segundos en reaccionar. Lo importante es afrontes la realidad cuanto antes.

Tristeza. La segunda estación de este viaje en metro se caracteriza por profundo sentimiento de tristeza (pena). Es quizá la parte más difícil del proceso y sin duda uno de los monentos más duros en la vida de una persona adulta. El insomnio hace mella en nuestra salud y en general nos abandonamos a un pensamiento único porque pensamos que no saldremos de esta. Es el momento en el que se suele pedir ayuda a un profesional y la etapa en la que se cae en conductas alternativas, como un excesivo consumo de tabaco o alcohol. Esta etapa suele prolongarse por espacio de unos meses, que nunca no deben ser más de tres.

Análisis. Suele tener vaivenes con la anterior y es la etapa en la que aparecen los primeros síntomas de recuperación pues la tristeza y lo irracional comienza a disiparse para dar lugar a la objetividad y a los deseos analizar y comprender qué ha ocurrido de verdad. También nos da por pensar en cuestiones relativos a nuestros objetivos profesionales y personales y, en general, a reflexionar en el momento de nuestra vida en el que nos encontramos.

Liberación. Es la etapa del adiós. El momento en el que por fin se acepta que esa persona ya no está a tu lado, que hay que cambiar de rumbo y —lo más importante—, que no va a pasar nada por ello. Es un momento de resignación donde pueden surgir pensamientos de odio o de venganza hacía quién fue tu pareja. En esta etapa comenzamos a buscar otras parejas con las que salir porque nos encontramos bien del todo, es como si tras una operación de rodilla el médico te recomendara dar los primeros paseos pero tú crees que estás preparado ya para correr una maratón. A menudo caemos en la promiscuidad pensando que ya estamos listos para nuestra vida —o incluso inicias una relación con el único objeto de dar celos a tu pareja—, pero en realidad aún no estás listo para algo así y terminas hartándote de conocer gente sin que sea el momento propicio para ello. Lo normal es que aún dediques mucho tiempo en pensar en quién fue tu pareja y la compares constantemente con toda esas nuevas personas. Cuidado porque que se puede regresar repentinamente a la segunda etapa y entristecerte en cualquier momento, pero también es un momento crucial porque ha llegado la hora de decir adiós y de comprender que si la recuperación es posibles hay que empezar a construirla desde aquí.

Reconstrucción. En la quinta y última parte del viaje, la estación de destino. Por fin nos vemos a nosotros mismo en la perspectiva de todo el proceso que la ruptura, e incluso llegamos entender que ha sido beneficiosa para nosotros porque hemos madurado y entendido de nosotros mismo muchas cosas que antes no conocíamos. La angustia, como una tupida venda que nos tapaba los ojos, ha desaparecido dejándonos ver caminos donde igualmente podemos ser felices. Si durante los cuatro pasos anteriores nuestra influencia y nuestro magnetismo personal había caído a niveles mínimos, ahora éste comienza de nuevo a brillar. Es la posición adecuada para seguir o para intentar la reconquista.

Recuerda que lo importante es superarte y conocerte mejor. Suerte.