Experiencia

Todo empezó a finales de los noventa en uno de aquellos clubes de piragüismo, donde se dio la circunstancia de que en pocos meses varios deportistas rompieron sus relaciones sentimentales, cayendo, de la noche a la mañana, en la habitual depresión personal y consecuente abandonando sus entrenamientos, su alimentación y en general toda la disciplina de preparación. Esto provocó una pequeña crisis en ese club porque su participación quedaría desierta en varias pruebas a nivel nacional, e incluso peligraba la prestación económica de algunos patrocinadores. Así, la Junta Directiva del club nos pidió que atendiéramos el asunto, que me fue personalmente encomendado. Me interesé entonces por extraer de los manuales de psicología relacionados con la pareja todo lo relativo a las crisis, así como el modo de paliar el duelo que una pérdida supone, pero sin resultados positivos.

En aquellos primeros casos me empeñaba en intentar retomar las relaciones en el mismo lugar en el que se habían roto, acaso como una Celestina, intentando convencer a quién había dejado la relación para que volviera, argumentándole que todo sería diferente esta vez, por supuesto sin conseguir nada. Fracasé en todos los intentos sin excepción. Luego descubrí que algunos de esos casos se resolvieron meses después, justo cuando la persona que había sufrido la ruptura se daba por vencida. Retomé en esos casos las entrevistas, pero ahora con ambos miembros de la pareja ya reconciliada tratando de buscar una explicación a lo ocurrido: ¿qué transformación se había dado en esa persona para que ahora no fuera rechazada como lo había sido meses atrás? Fue así como entendí que tras la ruptura existe un periodo de reconstrucción personal que entonces dividí, atendiendo a los síntomas que se observan, en tres partes: el duelo, el análisis y la liberación.

La ruptura supone una depresión personal desde la que no es posible acometer el intento de recuperación. Para que esto ocurra es necesaria una superación, un proceso de transformación, un camino que el sujeto debe recorrer para estar en condiciones de retomar la relación. Pero no es un camino al uso, en el que se avanza con regularidad, sino que con frecuencia se retrocede en un momento todo lo que en varias semanas hemos avanzado, o bien no se avanza nada en muchos meses. Lo habitual es que las etapas se solapen y se mezclen unas con otras hasta llegar por fin a liberación y la reconstrucción total. Con el estudio de otros muchos casos descubrí, por un lado, que esas tres etapas en realidad eran cinco: la aceptación, el duelo, el análisis, la liberación y la reconstrucción; y por otro, que la parte central y más importante de todo el proceso es el análisis.

Desde entonces he trabajado en más trescientos casos documentados resolviendo problemas de pareja y en general crisis conyugales, de cuya experiencia nace la guía de autoayuda «Método K para recuperar a tu pareja: las claves para conseguirlo a través de una transformación personal»

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