A LO LARGO de estos años he recibido en mi consulta gente de lo más variopinta. A todos les unía la misma preocupación por recuperar una pareja o entender qué estaba ocurriendo con sus vidas después de una ruptura. Entre todas estas personas me he encontrado con gente verdaderamente inteligente, capaz, exitosa, trabajadora… y, sin embargo, pese a su brillantez en la vida profesional e incluso amorosa (algunos eran muy atractivo/as) les faltaba encontrar el camino correcto para manejar sus emociones. El problema es la llamada inteligencia emocional.

Muchas personas creen que las emociones son una parte absolutamente vedada al discurso lógico y racional, de modo que si queremos o nos enamoramos de alguien o nos gusta algo bastaba con aceptarlo, pues preguntarse el porqué nos gustaba (entenderlo) era como tratar de ver los sonidos: algo absolutamente imposible. Entonces ¿qué son las emociones? Bien, las emociones, como casi todo lo que tiene que ver con lo humano, es algo construido, creado por el propio sujeto. Las emociones son mucho más racionales de que lo que creemos porque en realidad no son otra cosa que acciones. Dicho con otras palabras, las emociones no son cosas que me ocurren sino cosas que yo mismo hago.

Como es sabido, bajo la exitoso etiqueta de inteligencia emocional se han colocado desde hace décadas ciertas estrategias y terapias psicológicas dedicadas a mejorar las relaciones con nuestros propios sentimientos, es decir, a intentar manejar esas acciones que a la larga se convierten en emociones. A grandes rasgos la inteligencia emocional puede dividirse en dos partes: una que se concentra en uno mismo y la otra en la interacción con los demás. Pues bien, lo primero que debemos hacer tras una ruptura de pareja es saber qué nos está pasando y qué sentimos realmente. Mucha gente confunde la ira, la vergüenza, la soledad… con el amor. El segundo paso, el objetivo de todo esto, es tener autocontrol sobre lo que nos está ocurriendo para poder cambiarlo.

Pues bien, es en la primera parte donde se debe trabajar cuando se ha producido una ruptura de pareja. Efectivamente, cuando se produce un fracaso sentimental es necesario saber qué nos ocurre psicológicamente: qué sentimos y por qué lo sentimos. Recordemos que las relaciones de pareja tienen asociadas muchas otras facetas importantes de la vida que al desaparecer el vínculo amoroso se ven también amenazadas. Por ejemplo, al perder la pareja podemos perder a su vez la relación con una serie de amigos… ¿es posible que nos importen ellos más que la pareja que hemos perdido? También es posible que socialmente nos veamos fracasados por haber sido “dejados”, o incluso “intercambiados” por otra persona tal vez más atractiva o más joven.

Todo esto es necesario saberlo. Es necesario que alguien nos diga lo que está pasando para que nosotros mismos tomemos el control. Precisamente, gran parte del tiempo de mis consultas (o al menos de la primera de ellas) se dedica a eso. Con todo, algunas personas no lo necesitan. Pero hay muchos que en lo emocional incluso en los personal se beneficiarían significativamente de este autoconocimiento. ¿Es de gente inteligente? Sí pero no en esta concreta faceta del autoconocimiento. De hecho, a pesar de su inteligencia general, ignoran o infravaloran lo emocional. Muchas veces el éxito nos aparta de lo que no dominamos, propiciando que no queramos afrontar ciertas áreas por no formar parte de nuestras fortalezas. Estas personas inteligentes a las que me refería al principio, estaban acostumbradas a truinfar en muchos aspectos, pero huyen de lo que no controlan. ¿Se puede decir que son inteligentes?