la calma - recuperatupareja.org
 

Todos en algún momento hemos experimentado la sensación de ser atraídos y posiblemente también la de ser nosotros quiénes mediamos sobre otros sin quererlo: esto es magnetismo personal. Es la base de la doctrina defendida por Friedrich A. Mesmer como energía del universo irradiada por los hombres. En 1779 Mesmer descubrió que hay un fluido universal que transcurre por la sustancia del sistema nervioso de los hombres y que puede actuar como si se tratase de un imán incontrolado de gran poder. Esta fuerza puede ser utilizada tanto hacia otras personas como hacia la naturaleza, de ahí que se hable de magnetismo animal y de magnetismo vital. En el primero se incluyen la hipnosis, la catalepsia, la telepatía y la curación simpática; y en el segundo la rabdomancia y la radiestesia. A su vez, el magnetismo personal, se basa en cuatro principios básicos: la calma, la seguridad y la mirada.

La calma es una de las claves del Método K y el lugar donde debemos situarnos para conquistar cualquier influencia en las personas de nuestro entorno. Es verdad que todos venimos al mundo con un cierto predominio temperamental y nervioso que suele desencadenarse sin control en situaciones de estrés o de dificultad. La cultura del dominio de sí mismo es indispensable para la adquisición de una calma firme y para conseguir nuestros propósitos con seguridad. Por supuesto, la serenidad no significa convertirse en alguien impasible e indiferente, sino que se trata de mantener la capacidad para encauzar nuestra energía y dirigirla hacía nuestros objetivos de una manera eficaz y constante.

La seguridad siempre es el resultado de una reeducación metódica, de un entrenamiento sostenido y de contínuos esfuerzos. Todos adquirimos automáticamente un cierto grado de desenvoltura respecto a nuestros familiares, amigos, compañeros y, en general, con los que están relacionados todos los días con nosotros. Se trata de mostrarnos ante ellos (y no sólo frente a la persona que queremos influir) de una manera especial, vencer la timidez y superar la influencia de los otros para ser nosotros quién la determine.

Como se lee en el libro de Mark L. Knapp «La comunicación no verbal» (Nueva York, 1980), es evidente que la mirada ejerce una extraordinaria influencia en los demás. Pero no son los ojos, el color de éstos o lo largas o cortas que sean las pestañas, sino lo que hay detrás del aparato óptico: el cerebro y su capacidad psíquica. La investigación de la influencia personal se realizó al comienzo, simultáneamente, con las leyes del hipnotismo, cuando la fijación de la mirada era indispensable para la obtención de la hipnosis, aunque en realidad no es sino un medio de gran valor. Desde entonces existen muchos estudios sobre la educación de la mirada y todo coinciden en determinarla como algo clave en la influencia entre las personas.

Por lo general, las personas que recurren a nosotros lo hacen con el objetivo de recuperar a su pareja y precisamente por ese motivo no se encuentran en el momento más álgido y feliz de sus vidas. Sin embargo, para iniciar este proceso es necesario encontrarse bien, con buen estado de ánimo, con cierta dosis de confianza en uno mismo: con magnetismo personal. Pero desgraciadamente, en personas que repentinamente han perdido su pareja y por lo tanto cierto control de sí mismos, acontece una suerte de círculo vicioso: para recuperar a la pareja perdida deben encontrarse psicológicamente bien; pero para encontrarse bien necesitan a su pareja al lado. En estos casos es necesario recuperar la autoestima y empezar a ver el mundo y a sí mismo otra vez con equidad y justicia. El Método K no es infalible, pero sin duda ayudará a encaminar esta situación.

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