UNO DE LOS PROBLEMAS más habitual en mis sesiones de psicología de coaching para recuperar una pareja (se trata tal vez el gran problema tras una ruptura), es la falsa creencia de que el dolor y el vacío tan grande que sentimos y padecemos en ese momento no desaparecerá nunca. Esto supone quedarse atrapado en la segunda de las etapas de la ruptura, la del duelo,creyendo que jamás lo superaremos. ¿Qué sentido tiene mi vida ahora que él o ella ya no están a mi lado? se preguntan en mi despacho.

En una ruptura de pareja se produce algo muy similar a lo que nos ocurriría cuando se nos cae, de pronto y sin mediara aviso alguno, un cubo de agua fría encima. Hay unos segundos en los que no sabemos qué ha ocurrido y, ni siquiera sabemos donde estamos. El agua fría nos paraliza hasta que de nuevo ponemos en marcha nuestro cerebro y entendemos que desde una ventana alguien nos han tirado ese cubo de agua o de alguna otra forma conectamos en una secuencia lógica lo ocurrido. Esto puede llevarnos varios minutos entenderlo porque lo habitual es que no recibamos sorpresas como esa mientras caminamos por la calle. Es decir, no estamos en absoluto acostumbrados a este tipo de confusiones. De alguna forma, es lo mismo que nos ocurre cuando nuestra pareja decide poner fin a meses o años de convivencia y de pronto todo cambia en nuestra vida.

Tras reconocer la ruptura (siempre hay una primer momento el que no se admite) se apodera de nosotros la angustia y la pena por la pérdida. Nos abandonamos y hay quiénes, llevadas por el desconsuelo abusan de las comidas, el tabaco o el alcohol. Tampoco somos capaces dormir las horas que necesitamos y todo nos cuesta más. Me cuentan algunos de mis coachees que en esa etapa de la ruptura apenas son capaces de dormir 3 ó 4 horas seguidas. Se despiertan en mitad de la madrugada y ya no son capaces de conciliar el sueño el resto de la noche dándole vueltas y vueltas a la misma idea. Por supuesto, pasan el resto del día como si fueran zombis. Lo peor, insisto, es creer que esta desgracia no nos abandonará nunca y pensar que quedaremos durante muchos años imposibilitados para el amor. Nada hay tan alejado de la realidad.

Si estás pasando por este momento de la ruptura, debes saber en primer lugar que todo lo que te ocurre es normal; en más: todo lo que te ocurre debe ocurrirte para que cese el dolor porque se trata de un camino que tienes que recorrer tanto si quieres recuperar a tu pareja como si no.  Por otro lado, debes ser consciente que muchas de las cosas que ahora piensas y crees son falsas o, digamos, no son del todo ciertas. Lo que ocurre es que el mecanismo que regula tu capacidad para percibir la realidad está estropeado debido a las fuertes emociones que acabas de recibir y por eso no eres capaz de ver con objetividad muchas de las cosas que te ocurren. Además de creer que tu vida no tendrá sentido sin esa persona y que no encontrarás a otro o a otra que te ame de la misma forma, puedes creerte otras muchas cosas sin sentido, como que no eres atractivo o atractiva, o que la gente murmura y dejará de confiar en ti. No lo dudes: todo es falso. Lo único que ocurre es que estás en pleno proceso de cambio, sólo eso.

Date un tiempo y reflexiona sobre lo que te ha ocurrido y, sobre todo, huye de los excesos o de cualquier otro hábito que tú identifiques como negativo. En cambio, te vendrá muy bien encontrar una afición, ocupar tu mente y dedicarte algo. Pregúntate qué es eso que siempre has querido hacer y nunca has encontrado el momento. Puede servirte desde pintar o redecorar la casa hasta apuntarte a un curso de buceo o de vuelo sin motor. También puedes, si era tu ilusión tiempo atrás, tener una mascota o mejor aún alistarte como voluntario en alguna ONG. Ten seguro que ayudando a los demás te ayudarás a ti mismo.

Ten paciencia porque lo que estás pasando te hará crecer y conocerte a ti mismo mucho mejor. Suerte.