SI ALGUNA VEZ has trabajado conmigo en terapia de pareja o quizá para trazar estrategias para volver con tu ex, es muy probable que te haya hablado de el filósofo estoico Epícteto, que vivió en Roma, incluso como esclavo, en el siglo I de nuestra era que y terminó sus días con mucha fama tras haber fundado su propia escuela en la ciudad griega de Nicópolis. Pero no quiero hablar de Historia de la Filosofía, sino únicamente de algo  importante con respecto a la filosofía moral de Epícteto: la importancia de saber dónde está nuestro límite en cuanto a las cosas que podemos hacer para conseguir un objetivo. Este importante tema ya ha sido tratado en este mismo BLOG Contar la olas, en una entrada titulada Conseguir tus objetivos. Y también en el Método K, en el capítulo titulado Lo que puedes y lo que no puedes hacer para recuperar a tu pareja.

Sin embargo, me gustaría centrarme ahora en otros aspectos, quizá más generales de este asunto, aunque no por ellos menos importantes.

Hace unos meses comencé a trabajar con una pareja que tras muchos años de convivencia había decidido separarse a causa de una crisis: ella había descubierto una infidelidad. Después de varias sesiones de coaching juntos y separados, por fin mantienen una relación más o menos cordial. Siguen viviendo en casas diferentes (ella decidió salir de casa y alquilarse un apartamento) pero se ven con mucha frecuencia, salen a cenar, pasean por la playa, e incluso hacen el amor con más frecuencia que antes de la crisis, aunque la crisis aún no está resuelta ni el objetivo de nuestras sesiones —vivir juntos de nuevo— se haya alcanzado.

Sin embargo esto no es posible, me dicen ambos, porque no soportan ni aprueban la forma de ser del otro, la forma de enfrentarse a los problemas cotidianos, ni el modo en que gestionan sus trabajos y sus vidas.

Ellos se gustan y se admiran en cuanto la bondad que dicen tener, y también en otros muchos aspectos. Pero uno de ellos (es igual quién) no es capaz de aceptar el modo en que el otro gestiona su vida y su trabajo.

“En realidad —reconoce— llevo toda la vida criticando a mi pareja por lo caótico u lo poco resolutivo que es. Llevo toda la vida despreciando sus cosas, sus herramientas de trabajo porque durante años me topaba con ellas en cualquier lugar de la casa. Decididamente —me aseguró— no soporto ese caos”. A otras preguntas, aseguró que le encantaba su pareja como persona, su forma de hablar, de vestir, el modo en que ha educado y trasmitido valores a nuestros hijos; “pero —añade— no soporto su desorden y su incapacidad para la gestión de las cosas del día”

Entonces le recordé a Epícteto. Uno de los secretos de la felicidad quizá consiste en saber lo que puedes y no puedes alcanzar, lo que está en tu mano luchar y de lo que no puedes ni siquiera preocuparte porque no podrás nunca cambiarlo, o al menos no podrás cambiarlo a corto plazo.

Claro, el problema está en encontrar el límite a nuestros intentos. Si por ejemplo, tu crees que mereces un salario mayor en tu trabajo, puedes hablar con tu jefe, con el jefe de tu jefe, puedes mover algunos hilos en el consejo de administración, puedes viajar para entrevistarte con el dueño de la empresa en Boston o incluso acudir a los tribunales. Pero tiene que haber un momento en el tiempo, después de un año o dos, que digas: si me quedo en esta empresa es con este salario. También puedo dejar este empleo y buscar otro, pero si me quedo tengo que aceptar mi salario. Sencillamente una lucha infinita nos hará infelices.

Con el asunto de la pareja a la que antes me refería, ocurre algo parecido. Después de tantos años conviviendo quizá sea evidente que tu pareja es caótica y un desastre en cuanto a la gestión material de sus recursos; quizá sea absolutamente cierto, pero esta persona es así y no puedes esperar que cambie. Dicho de otra forma: no puedes supeditar tu felicidad al hecho de que cambie, sobre todo si ya has intentado que cambie y no lo has conseguirlo: es el momento de decidir: o te quedas o te vas.

Seamos coherentes: si para ti es “insoportable” (esta palabra salió muchas veces en nuestras sesiones) convivir con el desorden, entonces esa persona no puede ser tu pareja y por tanto hace años que deberías estar con otra persona, dije. Sin embargo, pese al caos en su trabajo y a la forma de enfrentarse a sus quehaceres, hay otras muchas cosas de esa persona que te gustan ¿No será más fácil aceptar que hay cosas que no podemos cambiar y quedarte con los otros aspectos que tanto te gustan?

Desgraciadamente la vida es corta y es mucho más fácil aceptar lo que no puedes cambiar que intentarlo una y otra vez, y una y otra vez fracasar retrasando el momento de ser feliz.

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