Ayuda profesional de calidad

Método K

Primer paso: aceptar la ruptura

1 → Situaciones controlada e incontrolada

 

1.- Lo que no debes hacer durante el contacto cero

2.- El caso de Laura y Alejandro

3.- Situación incontrolada

4.- Situación controlada

 

 

1.- Lo que no debes hacer durante el contacto cero

Lo habrás leído y escuchado por todas partes durante las últimas horas. Te lo repito aquí una vez más:  lo único que puedes hacer ahora para recuperar a tu pareja es aceptar la ruptura. Aceptar es asumir algo, lo cual no significa que ese algo vaya a permanecer así para siempre. Quizá has perdido una batalla, pero aún no has perdido la guerra. Por lo tanto —y sobre todo si tu deseo es recuperar a tu pareja— debes ahora acatar esa decisión sin ningún miedo. Esto supone que, de momento:

1) No llames a tu pareja. Seguramente ya has marcado muchas veces su número. Ahora evita que las cosas vayan a peor y tu valor e imagen caiga por los suelos. Ahora bien, si tu pareja te llama para cualquier asunto, por supuesto debes contestar. No se trata de crear un clima de hostilidades y enfados: se trata de que vea que has aceptado la ruptura. Si tienes un negocio con tu pareja, sois padres o tenéis una mascota, quizá tenga que llamarte para consultarte algo y tú tienes que contestar con toda amabilidad. Se trata de que no haya contacto pero que tampoco haya hostilidades. 

2) No escribas ningún tipo de mensaje a través de ningún sistema ni red social (salvo que sea tu pareja quién lo haga, y en ese caso debes contestar con toda normalidad). Puedes ver aquí como comportarte en las redes sociales con tu pareja en esta etapa.

3) No trates de verla para que te explique los motivos de su decisión, si es que ya lo ha hecho varias veces. Tratar de sorprender a tu pareja a la salida del trabajo o simular un encuentro casual son artimañas que ahora puede que se vuelvan en tu contra menoscabando tu imagen.

4) No hables con sus familiares o amigos sobre la ruptura, ni trates de enviarle mensajes a través de ellos. Tampoco intentes mandar a un buen amigo, lo que yo llamo un Buen Samaritano, para que trate de convencer a tu pareja o hable bien de ti.

5) No la espíes. Esto, además, puede ser un delito.

6) No te hagas el encontradizo o encontradiza para poder verla; esto implica no ir a buscarla al trabajo o a la puerta de su casa, ni a ningún otro lugar.

7) No le envíes regalos, nada de flores, bombones…

Pero, atención, aceptar la ruptura y poner en prácticas esos siete puntos no significa, como ya hemos dicho, que muestres enfado. De modo que si es tu pareja quién te llama o te envía un mensaje, debes contestarle con toda cortesía; como si fuera un buen amigo, un hermano o alguien que quieres. En la conversación, lo más importante, es que no hables de sentimientos. Nada de «qué felices fuimos» o «cuánto te he querido». Exprésate con normalidad y contesta a sus preguntas sin ningún temor. Si te pide que le devuelvas sus cosas o que hagas algo que suponga distanciaros aún más (como desvincular a tu pareja de una cuenta corriente o entregarle las llaves de su casa) accede con cortesía y absoluta normalidad. Insisto: es lo único que puedes hacer para recuperarla.

 

2.- El caso de Laura y Alejandro

Para que veamos en profundidad la importancia de aceptar la ruptura, me gustaría que conocieras el ejemplo de la pareja formada por Laura y Alejandro, con la que trabajé hace unos años. Por supuesto los nombres y otros datos del ejemplo son ficticios.

Laura y Alejandro tienen alrededor de treinta y cinco años y viven en una ciudad española no demasiado grande. De momento no tienen hijos. Son pareja desde hace siete años y llevan cinco viviendo juntos (fue ella la que vino a verme pocas semanas después de la ruptura y después también trabajé con Alejandro). Laura me confiesa que desde hace más de un año se siente sola e incomprendida por su pareja, y por eso rompe. Ha tratado de hablar con él en muchas ocasiones para transmitirle lo que siente y lo que cree que le falta a la relación, pero Alejandro nunca se ha tomado en serio sus demandas. Tampoco el sexo funciona desde hace meses porque ella lo considera monótono y él, en consecuencia, poco sugestivo. Laura es licenciada en derecho y trabaja en una multinacional, pero lo que le gusta realmente, lo que le entusiasma, es el arte dramático.

Le encanta el teatro y quiere ser actriz. Un año antes de romper la relación le había comunicado a Alejandro que quería inscribirse en una escuela y formarse como actriz en sus ratos libres. Lo lleva pensando mucho tiempo y cree que ahora ha llegado el momento: es su gran ilusión. La mejor escuela de teatro de la ciudad no es precisamente barata, de modo que la economía familiar se verá afectada por las cuotas mensuales que Laura deberá pagar. Ella está dispuesta a hacer el esfuerzo, pero Alejandro no lo ve tan claro. Ser actriz, según él, está muy bien pero no es imprescindible, y si pretenden cambiar el coche e irse de vacaciones a Italia el año que viene, como habían planeado, las clases de teatro tendrán que esperar. No es que Alejandro esté en desacuerdo, simplemente cree que ahora no es el mejor momento.

Por su parte, ella nota que a Alejandro el teatro le da igual, que vive ensimismado en un proyecto que su empresa va a llevar a cabo y tal vez lo nombren director económico, lo que supondrá un mayor prestigio y también un mayor salario. También es entrenador de un equipo de baloncesto y pasa muchas horas en el pabellón deportivo de su ciudad o asistiendo a los partidos. Algunos fines de semana Laura le propone ir al teatro o que viajen a otras ciudades para ver representaciones de obras importantes. Al principio de la relación Alejandro estaba encantado con esos viajes y también con las explicaciones de su chica sobre teatro moderno, pero ahora lo considera aburrido. Antes, en esos viajes, hacían el amor apasionadamente en cuanto llegaban al hotel, pero ahora ni eso. Por su parte Laura asistía a los partidos de baloncesto e incluso a los entrenamientos, pero hace tiempo que ya no lo hace.

Laura y Alejandro son una pareja que se distancia a pasos cortos pero continuos, un goteo incesante del que no son conscientes o no quieren serlo, pues en los intentos de conversación nunca se llega a nada.

Un día, harta de no encontrar al Alejandro que conocía, Laura decide poner fin a la relación prepara sus cosas y el sábado se traslada a casa de sus padres, en la misma ciudad. Han tenido más conatos de ruptura