UNAS SEMANAS ATRÁS un amigo me llamó triste para decirme que alguien que ambos conocemos se había separado de su esposa. Nadie había visto en esa pareja que las cosas funcionaran mal y parecían la típica familia de película: los dos jóvenes y guapos, con una buena casa, una estupenda posición económica y dos niños preciosos. ”Fue de repente -dijo mi amigo-. Es una lástima”.

¿Por qué creemos que cambiar de pareja es algo necesariamente negativo?

Este amigo que se había separado me dijo ayer mismo cuando lo llamé, que las cosas se habían deteriorado mucho los últimos dos años aunque, desde fuera, nadie percibiera nada. Cada uno parecía tener metas diferentes y consideraron oportuno poner fin a la relación de doce años porque ninguno de los dos era feliz al lado del otro. “Somos dos personas adultas y creemos que lo mejor para nosotros y para nuestros niños es tomar caminos diferentes”. Me pareció genial su respuesta porque no traumatizó en absoluto.

Mucha gente viene a verme porque quieren recuperar a su pareja tras una infidelidad, o porque después haberles pedido el divorcio se han dado cuenta que pasaban mucho tiempo en el trabajo desatendiendo a su familia. Romper tu relación de pareja puede ser un trauma (lo veo a diario en mi consulta) si se rompe sólo por una parte. Pero no lo es si el divorcio llega con un acuerdo de las dos parte, algo que ocurre con mucha más frecuencia. De hecho, en España y según las estadísticas de 2014, casi el 50 por 100 de las pareja no llegan a los 10 años.

La gente evoluciona, cambia, descubre en sí misma nuevos proyectos en los que tal vez su pareja no quiere o no puede entrar, y no por eso quiere frustrarse. Hace un siglo (o menos), desgraciadamente, las mujeres eran todas dependientes económicamente primero del padre y después del marido, y esa circunstancia les obligaba a mantener la relación eternamente. Si la situación entre ambos era buena la vida era agradable, pero erra horrible si sus personalidades estaban encontradas. No quiero ni imaginarme tener que estar al lado de alguien que no soporto durante toda mi vida: es poco menos que una condena. Hoy, afortunadamente,  eso no ocurre y los hombres y las mujeres son independientes pudiendo con ello hacer con sus vidas lo que consideren oportuno. ¿Por qué voy a estar con alguien que no apoya mi proyecto de vida? ¿No es mejor separarse a estar frustrado toda la vida? Podemos pensar que si nos separamos no encontraremos otra pareja o que nos da pereza tener que salir a ligar como cuando éramos adolescentes. Es posible que no encontremos a nadie después de separarnos y estemos arrepentidos durante toda la vida. Es posible también. Pero la seguridad es totalmente estéril porque si siempre hacemos lo que siempre hemos hecho no dejaremos de ser lo que somos. La vida es cambio, es proyecto, es movimiento… nada es para siempre. Cuanto antes aceptemos esto mejor. Por eso, si no estamos bien con nuestra pareja lo más sensato es hablar y llegar a un acuerdo. Pero seguro que llegado a este punto estás pensando “¿y los hijos qué?”

Los hijos en una ruptura de pareja pueden, efectivamente, ser víctimas; sobre todo si uno de los padres los utiliza en contra del otro. Pero si nos proponemos hacer las cosas bien, con calma, siempre dialogando y poniéndonos en la piel del otro olvidando rencillas y venganzas, las cosas para los niños no tienen por qué ser traumáticas. Hay que explicarle al niño que sus padres le quieren igual aunque ahora van a vivir en diferentes casas. En realidad siempre que un niño sufre la ruptura sentimental  de sus padres es porque uno de ellos (queriendo o sin querer) le trasmite la rabia y la angustia de la separación. Creo que en un proceso de separación con hijos, éstos son la parte más delicada y por ello ambos progenitores deben de cuidarse mucho de que no sufra lo más mínimo. Todo es posible si de verdad lo deseas.