LA TERCERA TOXINA de las relaciones de pareja, es la que habitualmente se conoce con “estar a la defensiva“. Es una actitud que denota varios problemas personales; problemas que afectan directamente a la pareja. Se parece mucho a la actitud defensiva que adoptan algunos animales cuando se sienten atacados. Todos reconocemos la respuesta instintiva de un escorpión levantando su aguijón en posición de ataque. ¿Tú haces lo mismo? ¿Por qué?

El escorpión, por ejemplo, lo hace simplemente porque se siente débil, amenazado, frente a algo o alguien. Estar a la defensiva es, por lo tanto, una actitud de protección. En las relaciones de pareja esto también puede ocurrir, sobre todo si no hay una comunicación efectiva. Hace algunos meses vino a verme a la consulta una mujer casada hace unos ocho años que pasaba por una crisis. Me contó varios episodios en los que su pareja se comportaba en una actitud muy parecida a la del escorpión. Ella tenía que hacer un viaje en coche desde Madrid a Valencia, un viaje cómodo, por autopista, de unos tres cientos kilómetros, y le propuso a su marido que la acompañara. Aseguró que sólo se lo había propuesto con el objeto de poder ir hablando por el camino, ya que en las últimas semanas habían discutido varias veces y debido al trabajo no habían tenido tiempo para aclarar las cosas. Sin embargo él contestó negativamente: añadió que le invitaba al viaje sólo para reemplazarla al volante; es decir para hacer de conductor.

Efectivamente, su marido estaba a la defensiva. Estaba viviendo quizá un momento de hostilidad y se sentía atacado, débil, frente a su pareja. Sencillamente lo que él pretendía era protegerse de un peligro, de un supuesto peligro que era acompañar a su esposa en un viaje de tres horas y, quizá, estar expuesto a las críticas. O tal vez lo que sentía como amenaza era estar tantas horas con su esposa en las que le recordaría determinadas actuaciones de las que no estaba orgulloso. Sea como sea, se sentía amenazado.

Lo que debemos hacer es no interpretar lo que percibimos de cualquier forma. Es mucho mejor hacer un esfuerzo para asegurarnos de que el mensaje que recibimos es realmente una amenaza. Este esfuerzo se traduce en preguntar, sencillamente preguntar antes de lanzar no una piedra envenenada, porque la respuesta a la violencia, suele ser más violencia. Ella, contestó con algo fuera de tono y se enredaron en una nueva discusión.

La solución, además del dialogo, además de formular muchas preguntas antes de sentirnos heridos, es trabajar nuestra seguridad personal y nuestra autoestima. En primer lugar, hay que hacer un esfuerzo por percibir las situaciones externas de la forma más objetiva posible, es decir, sin atribuir a ellas el peligro que nos hará ponernos a la defensiva. Es más adecuado, observar la situación como un espectador antes de interpretarla y así, no nos sentiremos atacados por ello. Ya que es posible que haya otras explicaciones menos alarmantes para esa situación y que no requerirán de nuestra actitud defensiva, pues es posible que no se trate de ningún ataque.