Método K para recuperar a tu pareja tras una ruptura

Segundo paso: el cortafuegos

8 → Errores a evitar durante el cortafuegos

Como ya sabes, el Método K tiene como objetivo acelerar todo el proceso emocional de la ruptura para que puedas intentar con un mínimo de éxito regresar con tu pareja. Sin embargo existen ciertas conductas perjudiciales que dificultarán y retrasarán nuestro objetivo. Lo más importante es que te adelantes y seas capaz de verlas, de identificarlas, como negativas en cuanto aparezcan y de este modo evitarlas. En muchas ocasiones el éxito de una recuperación de pareja está, más que en hacer ciertas cosas, en no hacer otras tantas.

Obsesión e insistenciaEl primer error, obviamente, es del que hemos estado hablando en las páginas precedentes y que da lugar a la situación incontrolada. Efectivamente, llevados por incontroladas emociones, la habitual reacción es insistir para que nos expliquen el porqué de esta decisión o para que nos den una segunda oportunidad. Tal vez esta persuasión tuvo resultados positivos en el pasado, lo cual no significa que siempre los vaya a tener. Recuerda que la insistencia puede convertirte en alguien indeseable. Entiendo que intentar convencer a tu pareja de que vuelva a tu lado es absolutamente lícito, pero debes saber dónde está el límite. Es posible, incluso, que hayas descubierto la existencia de alguien que se acerca peligrosamente o incluso que haya comenzado una relación con tu pareja como ya hemos hablado y claro, esto te he puesto más nervioso o más nerviosa aún. Con todo, evita caer en el más común de los errores: insistir.

-Expiar la culpa. Otro de los errores más comunes es el que tiene que ver con la culpa acumulada a causa de la ruptura… [/restrict] esto hay que entenderlo positivamente. Posiblemente, la culpa sea uno de los peores inventos de la humanidad. Es algo que aparece con las religiones antiguas y de lo que queda en la cultura occidental un poso muy intenso. En latín culpa puede traducirse con el sustantivo debitas, es decir, la culpa es también una deuda: algo que se debe a otro. Efectivamente, el sentimiento de culpa se ha venido usando desde hace siglos para controlar a las personas: si yo soy capaz de hacerte creer que eres culpable de algo (es decir, que me debes algo), entonces será muy fácil, en pago a esa deuda, obligarte a hacer lo que yo quiera. Puedes leer más sobre la culpa en el libro «El concepto de la angustia» del filósofo danés Soren Kierkegaard.

Hace unos meses, en pleno invierno, me encontré al salir de una estación de tren a una chica mal vestida, era casi una niña. Andaba medio descalza con un bebé en brazos y al cruzarme con ella me pidió una moneda. Inmediatamente se produce en mí una sensación culpa porque yo tengo un abrigo y un par de buenos zapatos, y mi hijo está en casa, seguramente merendando o jugando con el tren eléctrico. Esa sensación de culpa (de deuda) trato de expiarla (de pagarla) entregando esa moneda. Al causar lástima en otro se produce automáticamente la culpa, la deuda. Algo muy parecido puede producirse en una ruptura sentimental. Cuando una pareja se rompe por decisión de uno de sus miembros, en el otro se produce una carga emocional que enseguida se convierte en culpa. Dicho con otras palabras, el otro, el que ha sido dejado, piensa que la causa de la ruptura es algo que ha estado haciendo mal durante la relación y trata inmediatamente de pagar esa deuda (trata de expiar esa culpa) expresando a su pareja cosas como «sería capaz de cualquier cosa si me dejas» o «sin ti mi vida no tiene sentido» e incluso «creo que es mejor dejar de vivir si tú no estás a mi lado». Sin embargo, la culpa es algo que no debe paralizarnos ni causarnos ningún trastorno porque, sencillamente, no existe en la realidad. La culpa siempre está referida al pasado, a algo que supuestamente hicimos en un tiempo anterior. Si fuiste infiel a tu pareja, o no le prestaste demasiada atención, o te olvidaste del día de su cumpleaños… o cualquier otra cosa que hiciste mal, siempre es algo que pertenece al pasado. Sin duda provocaste dolor con ese acto, pero ya no puedes dar marcha atrás y es del todo absurdo perder tiempo y desgastarte emocionalmente pensando qué podrías haber hecho mejor. Lo hecho, hecho está. Sólo te queda hacer una cosa: aprender. No tienes que martirizarte ni tratar de pagar ninguna deuda haciéndote daño a ti mismo porque con eso no conseguirás dar marcha atrás en el tiempo. Ya hemos hablado de los pensamientos irracionales, que no te llevarán más que a retrasar la posible recuperación de tu pareja. Puedes darte golpes contra la pared o flagelarte con un látigo porque fuiste infiel a tu pareja; puedes hacerlo si quieres, pero con eso no variarás un ápice el daño que causaste, ni tampoco lograrás que tu pareja vuelva a tu lado, más bien conseguirás el efecto contrario: que se aleje de ti. Piensa que cuando se busca una pareja buscamos a alguien fuerte que nos acompañe en el camino de la vida. Alguien en quién poder confiar, en quién refugiarnos y consolarnos. Si tu pareja, que por otros motivos ya había decidido dejarte, comprueba que has intentado hacerte daño tratando de expiar una culpa absurda, habrás perdido valor y te habrás distanciado aún más de ella y la reconquista será entonces mucho más difícil. Tampoco trates de expiar la culpa haciendo regalos o enviándole flores, bombones o entradas para la final de la Eurocopa de fútbol. Recibir regalos es algo muy gratificante, pero ahora, después de que te ha dicho varias veces que te alejes, no tendrá ningún efecto positivo.

-Discusiones y hostilidades.  Poner en marcha el cortafuegos no significa que no puedas hablar con tu pareja o no puedas citarte con ella para resolver asuntos importantes como los hijos, el alquiler del piso o cualquiera otra cosa que requiera vuestra atención. Si es necesario que os veáis evita referirte a cuestiones sentimentales y a recordarle lo felices que fuisteis juntos o cosas similares, pero sobre todo, evita discutir. Tal vez tu pareja, al verte, comience a sacar trapos sucios y a recriminarte viejas historias del pasado que han quedado varadas en su memoria. No mires ahora si tiene o no tiene razón, seguramente no la tenga, pero no caigas en el error de discutir acerca de ello. Admítelo, aunque sea falso. Simplemente responde que precisamente has estado pensado en eso y efectivamente te confundiste, argumenta en pocas palabras tu error o que en ese momento creías estar en la verdad, pero ahora te has dado cuente de ese error, etcétera. Quizá tu pareja te reproche que tal día no estuviste en casa para ayudarla en algo importante; no estuviste porque en el trabajo te fue imposible salir antes, lo intentaste de verdad pero no fue posible, y pese a que hubo una fuerte discusión en su día por esta cuestión y pese a que se lo dijiste muchas veces, tu pareja nunca se lo creyó del todo. Tú lo intentaste pero no fue posible. Bien, si el asunto saliera a la luz de nuevo admite que debiste hacer más cosas para salir antes del trabajo (no que no lo intentaste). Lo más importante es que la situación no se enturbie más y el camino para recuperarla esté despejado. Ya tendrás tiempo en el futuro de rehacer todas esas ideas.

-El buen samaritano. Ya conoces la parábola del «buen samaritano»; alguien que por bondad ayuda a un hombre a quién han robado y apaleado unos asaltantes. Está muy bien ayudar a los demás, pero cuidado, porque algunas ayudas, aunque prestadas con la mejor intención, resultan finalmente desastrosas. Lo habitual es que las parejas compartan muchos aspectos de sus vidas, entre ellas los amigos, y en principio no pasa nada si uno de estos amigos se presenta ante quien ha roto la relación para preguntarle el motivo de la decisión y si hay alguna posibilidad de que todo vuelva a ser como antes. El problema llega cuando somos nosotros mismos quiénes le pedimos a algún amigo que interceda, que directamente se presente ante nuestra pareja, ya que a nosotros no nos hace caso o tenemos cortadas las vías de comunicación, y trate de venderle con argumentos muy subjetivos lo que está persona se está perdiendo y se puede perder si todo se rompe definitivamente. Puedes pensar que tu pareja te ha dejado exclusivamente por razones de peso, pero en realidad los motivos que suelen estar detrás de una ruptura son más racionales que emocionales. Aunque es verdad que una cosa lleva a la otra —es decir la emotividad tiene un origen racional también— que alguien trate de explicarle a tu pareja lo maravilloso que eres no solucionará nada. Si esto ocurriera, si alguno de tus amigos decide visitar a tu pareja, lo ideal sería que no le hablara de ti en absoluto y si lo hace que sólo le explique que has aceptado la nueva situación con toda normalidad y estás bien. Sólo eso.

-Citas con sexo. Este error suelen cometerlo más las mujeres, aunque ambos sexos caen en este error. Se trata de permitir que haya relaciones sexuales indefinidamente con quién ha decidido romper la relación con la esperanza de que vuelva a tu lado. Se trata de una decisión sumamente personal, desde luego. Mi opinión es que puede ser adecuado permitir acceder alguna vez a esa persona a nuestra intimidad con el objeto de atraerla, pero no puede extenderse eternamente porque nos convertiremos en un juguete. Esto te generaría esperanzas y lo que es peor, un retroceso en el transcurso de las etapas de la ruptura. Por extensión, este error podemos llevarlo también a cualquier acción de atracción-rechazo continuo que recibimos de esa persona que pretendemos sea nuestra pareja; cuanto más nos acercamos (con sexo o no) y más veces somos rechazados, más dolor estaremos causándonos a nosotros mismos y más tiempo tardaremos en alcanzar el final del proceso. Se trata de que no te engañes con respecto a la realidad simplemente porque no soportas la idea de que esa persona ya nunca más esté a tu lado: no hay que confundir sexo —o quizá amabilidad— con amor.

-Falta de discreción. Otro de los errores frecuentes, también con consecuencias desastrosas, es dar demasiadas explicaciones de lo que nos ha pasado. Una ruptura de pareja suele convertirse en una angustiosa soledad, situación que tratamos de paliar hablando con quienes nos rodean. Es normal que busques a un amigo y le cuentes lo que te ha ocurrido, pero ¡cuidado! procura que sea alguien discreto que pueda mantener el «secreto de confesión» de modo que de ninguna manera pueda llegar a oídos de tu pareja que andas aireando vuestros trapos sucios. Trata de evitarlo, sobre todo, con sus amigos, con sus familiares y en general con cualquiera con quién pueda tener contacto. Si hablas con alguien cercano a tu pareja sé muy prudente; muéstrate amable, tranquilo y no hables en absoluto del tema. Sólo di algo como: «Sí, lo hemos dejado, ya sabes… estas cosas pasan». De esta forma todos verán que has encajado el golpe perfectamente. Piensa que serás observado u observada con lupa y todo lo que digas o hagas podrá llegar a tu pareja. Sin embargo, no se trata de que mantengas en secreto el mal momento que estás pasando. Hablar con los verdaderos amigos, aquellos de los que tengas seguridad que no hablarán después con tu pareja, te aliviará mucho. Puedes citarte con ellos para charlar del asunto de vez en cuando, pero evita ser demasiado recurrente con el tema; si les hablas demasiado de lo mismo se aburrirán.

 –WhatsApp, Facebook, regalos, fotos… En la sociedad de nuestros días las redes sociales ocupan un lugar muy importante porque entre otras cosas, dedicamos a ellas demasiado tiempo y son una forma de ¿permanente?. A veces, tras la ruptura y llevados por la rabia y los celos, tendemos a bloquear en las redes sociales a quién hasta hace muy poco era nuestra pareja. No lo hagas, al menos de momento. Si lo haces, quizá muestres una conducta poco madura, incluso infantil, que no lleva sino a deteriorar tu imagen. Tampoco le devuelvas los regalos o borres vuestras fotos en Facebook, simplemente déjalo estar durante unas semanas y así harás ver que eres alguien consecuente y calmado.

-Espiar a tu parejaYa sé que es algo que nunca harías, pero algunas veces perdemos los estribos y tratamos de buscar información más allá de donde nos está moralmente, e incluso legalmente permitido. Hay gente que se esconde dentro del coche o en un banco de la vía pública cerca de donde vive ahora su pareja para saber con quién sale, dónde va y cuándo. Esto es terriblemente negativo porque si te descubre despertarás temores y miedos incontrolados hacia tu persona y comenzará a preguntarse si no estás usando otros métodos aún más sórdidos para saber dónde está y con quién anda. Decididamente, habrás perdido todas las oportunidades a corto plazo de volver con tu pareja. Otra cosa es que encargues esto a un detective privado, un profesional habilitado legalmente que pueda sacarte de dudas si es que lo necesitas. Pero créeme que de momento los detalles que este tipo de profesionales puedan darte no te ayudaran.

-Salir o provocar celos con otra personaPuede ser una buena idea si se hace con moderación y siempre de forma esporádica y sencilla. Conozco el caso de un hombre que contrató los servicios de una modelo para pasearse con ella del brazo por la plaza de su pueblo. Todo el mundo supo enseguida que se trataba de un truco para provocar celos en su pareja y lo que provocó realmente fue que su pareja se alejara aún más. Si crees que es bueno hacerlo que sea con moderación, es decir, basta con que te vean simplemente tomando un café con alguien como dos buenos amigos.

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© Carlos García. Método K para recuperar a tu pareja. Madrid 2017  ISBN 978-84-617-7853-9

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