EN TODO EL PROCESO de separación de una pareja hay un grupo de personas especialmente vulnerables: los niños. Prefiero usar la palabra niños indistintamente, en vez de hijos porque no siempre que se produce una separación los pequeños son hijos de ambas partes de la pareja. Basta con que hayan pasado algunos años o incluso meses de su vida con alguien, como para que ellos lo sientan como propio, como un miembro más de núcleo familiar.

En todos los casos una ruptura significa para un niño la dificultad de acceso a las personas que más quiere y necesita. La experiencia ha demostrado que durante la primera etapa de la separación, al ver que uno de sus progenitores abandona el hogar, los niños tienden a preguntarse si el otro también les abandonará. Sus sentimientos son confusos, de tristeza, se sienten enfadados con todos e incluso con ellos mismos pues a veces se culpan de la separación y piensan no haber actuado como debieran, demostrando un comportamiento ejemplar con la esperanza de que los padres se reconcilien. Con frecuencia se desvinculan efectivamente y no se encuentran en condiciones de ser comunicativos ni cariñosos y a veces controlan poco sus actos.

Otra característica habitual es su rechazo frente a las nuevas relaciones de pareja que puedan entablar sus progenitores. La aparición de una tercera persona despierta en ellos una especie de rivalidad sobre todo si esto ocurre muy poco tiempo después de la separación.

Ante estas situaciones hay que explicarles claramente que ellos no tienen la culpa de nada y que el hecho sencillo de que uno de los miembros de la pareja ya no viva en casa no significa que éste ya no forme parte de la familia. Simplemente eso: ya no vive en casa. Es muy positivo que el padre y la madre pasen juntos una tarde a la semana y desde puedo que el niño sienta que sus padres son y serán siempre sus padres.

Mientras se consuma el divorcio y después de éste hay que evitar a toda costa acciones poco responsables como criticar delante del niño a la otra parte de la pareja o, peor, aún usarlo de moneda de cambio para conseguir determinadas mejoras en la parte jurídica de la separación. Ellos lo sienten y lo sufren con toda perfección. Tal vez su sistema racional no haya alcanzado aún la madurez, pero sí disponen de suficiente capacidad emocional como para darse cuenta de lo que a sus padres les está ocurriendo. Por mucho dolor que tu pareja te haya causado al irse con otra persona, por ejemplo, por muy abandonado o abandonada que te encuentres, en ningún caso debes criticar a tu ex delante de tu hijo.

Quizá tengas toda la razón del mundo y tu ex se haya portado muy mal, pero que le acuses delante del niño sólo provocará una sensación de inseguridad en tu hijo. Tampoco se puede usar a los niños como mensajeros entre los padres, o darles tareas que no les corresponden. Siguen siendo niños y por eso hay que decirles siempre la verdad y mostrar respeto hacía la otra parte de la pareja siempre.

Recuerda que son tuyos (vuestros) y lo serán para toda la vida.

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