A LO LARGO de estos años he recibido en mi consulta gente de lo más variopinta. A todos les unía la misma preocupación por recuperar una pareja o entender qué estaba ocurriendo con sus vidas después de una ruptura. Entre todas estas personas me he encontrado con gente verdaderamente inteligente, capaz, exitosa, trabajadora… y, sin embargo, pese a su brillantez en la vida profesional e incluso amorosa (algunos eran muy atractivo/as) les faltaba encontrar el camino correcto para manejar sus emociones. El problema es la llamada inteligencia emocional.

Desde mediados del siglo pasado los test de inteligencia han intentado medir las capacidades y habilidades, es decir, lo que produce que tengamos éxito en la vida. Sin embargo, la inteligencia es algo mucho más amplio y quizá complejo de lo que pueda medirse con una cuantas preguntas, como puso de manifiesto Howard Gardner en los años ochenta con su teoría de las Inteligencias Múltiples. Otros autores, como Daniel Goleman con su teoría de la Inteligencia Emocional, también pusieron en tela de juicio ese tipo de test y aquélla concepción de la inteligencia cuantificable a través de un simple test. 

Lo primero es entender qué son y la importancia que tienen las emociones para la vida cotidiana, y sobre todo para el caso que aquí nos trae: qué importancia tienen para una ruptura de pareja. Todos conocemos a alguien con grandes capacidades analíticas y lógicas (de quién se dice que es inteligente) pero que luego no es capaz de pedirle salir a una chica o un chico que le gusta, quizá porque no ha desarrollado eficazmente esa capacidad. En Blade Runner, la película de Ridley Scott se refleja un futuro en el que una empresa ha conseguido construir unos robots con forma humana “capaces de desarrollar emociones”, y esto los hace ser exactamente iguales que los humanos. Las emociones no son cosas que broten espontáneamente. Las emociones, como casi todo lo que tiene que ver con lo humano, es algo construido, creado por el propio sujeto. Las emociones son mucho más racionales de que lo que creemos porque en realidad no son otra cosa que acciones. Dicho con otras palabras, las emociones no son cosas que me ocurren sino cosas que yo mismo hago.

Como es sabido, bajo la exitoso etiqueta de inteligencia emocional se han colocado desde hace décadas ciertas estrategias y terapias psicológicas dedicadas a mejorar las relaciones con nuestros propios sentimientos, es decir, a intentar manejar esas acciones que a la larga se convierten en emociones. A grandes rasgos la inteligencia emocional puede dividirse en dos partes: una que se concentra en uno mismo y la otra en la interacción con los demás. Pues bien, lo primero que debemos hacer tras una ruptura de pareja es saber qué nos está pasando y qué sentimos realmente.

Un elemento clave de la inteligencia emocional es el autocontrol, aquello que nos permite dominar nuestros pensamientos, y por tanto las emociones que éstos generan. Sé de una persona que publicó en internet una foto íntima de su expareja, a quien trataba de recuperar, porque ésta no contesta a sus mensajes y además le había bloqueado de varias redes sociales. Esta persona no supo diferenciar las emociones efímeras de las consistentes o duraderas y cometió un delito que le costó varios meses de arresto, además de que su pareja jamás quisiera saber nada de él. Sé que esta persona se arrepintió mucho, pero ya no hubo remedio. Hay que gestionar con calma el foco de atención de lo que nos está ocurriendo, para que no nos sabotee y cometamos acciones como la antes descrita. 

Además el autocontrol, en una ruptura de pareja es importante que nos miremos a nosotros mismo con la adecuada distancia y establezcamos una autoconciencia emocional adecuada. Me estoy refiriendo a que sepas quién eres tú, que te conozcas a ti mismo o a ti misma como la persona que eres. Si uno sabe de sí mismo que algunos estímulos le producen un desequilibrio importante, y que  ese desequilibrio le lleva a tomar decisiones de las que luego se arrepiente, como la descrita más arriba, lo mejor que puede hacer es no tomar decisiones en ese momento. Por extensión, esta autoconciencia te ayudará a elegir los pasos adecuados para acercarte a tu pareja y en la justa motivación, la automotivación para hacer sólo aquello que nos conduzca a tu objetivo. En esto te ayudará especialmente la psicología del coaching: el famoso conocerte a ti mismo. 

Un tercer elemento de la inteligencia emocional lo encontramos en la empatía. Como sabes, la empatía es el reconocimiento de las emociones en los demás, o sea, en la interpretación (la acertada interpretación) que tú haces de las señales que los otros te envían. La empatía sirve para establecer o reforzar vínculos con los otros, pero también para romperlos. En una ruptura o crisis en tu pareja, debes tener en cuenta el proceso doloroso por el que tú pareja está pasando, tienes que reconocer lo que esa persona siente y ser consecuente con esas emociones en la justa medida. Si tu pareja te dice que no llames por teléfono, debes respetar esa decisión y ser consciente de la repercusión emocional que en tu pareja tendrá. 

Efectivamente, cuando se produce un fracaso sentimental es necesario saber qué nos ocurre psicológicamente: qué sentimos y por qué lo sentimos. Recordemos que las relaciones de pareja tienen asociadas muchas otras facetas importantes de la vida que al desaparecer el vínculo amoroso se ven también amenazadas. Por ejemplo, al perder la pareja podemos perder a su vez la relación con una serie de amigos… ¿es posible que nos importen ellos más que la pareja que hemos perdido? También es posible que socialmente nos veamos fracasados por haber sido “dejados”, o incluso “intercambiados” por otra persona tal vez más atractiva o más joven. Todo esto es necesario conocerlo de nosotros mismo en la justa medida. Quizá, debido a lo complicado del momento sea necesario que alguien nos haga ver lo que está pasando para que nosotros mismos tomemos el control. Precisamente, gran parte del tiempo de mis consultas (o al menos de la primera de ellas) se dedica a eso a que puedas tomar el control de lo que te está ocurriendo: a que tengas capacidad de autocontrol, domines la empatía y sepas motivarte el el rumbo correcto hacía tu objetivo.