HACE pocas semanas me encontré con un caso digno de comentar aquí. Se trata de la gestión de una ruptura dentro de otra, un ajuste de cuentas como diría el mismísimo Al Capone en el Chicago de los años veinte. Me explico. Agustín (como siempre los nombres son ficticios), vino a verme hace cosa de un par de meses porque había roto con su chica, Carmen. Ambos tienen alrededor de 40 años; los dos son separados de otras relaciones estables y llevaban pocos meses saliendo. Se habían conocido, según me explicó, a través de una famosa web de contactos y en seguida congeniaron. Parecía que se habían conocido en el momento justo de sus vidas: siempre he sostenido que la edad de enamorarse llega mucho más tarde que la de casarse, sencillamente porque enamorarse es una acto de madurez que debe acontecer a partir de los treinta años o quizá más. El caso es que Agustín llevaba separado de su expareja alrededor de tres años y en ese tiempo por su vida habían pasado algunas chicas, pero ninguna de ellas había causado la impresión de Carmen. Ella, una atractiva ejecutiva de publicidad, venía de un matrimonio de veinte años roto hacía apenas seis meses. Fue entonces cuando saltó la alarma, ¡solo seis meses!

Seis meses no es demasiado tiempo aunque puede ser suficiente si se han recorrido todas las etapas de la ruptura, el Trayecto en metrocomo ya se dijo en otra entrada de este blog. Bueno, es cierto que no todo el mundo completa el mismo camino en el mismo tiempo, ya que cada uno lleva una carga distinta en su mochila: somos el resultado directo de nuestras experiencias y nuestro pasado como también hemos comentado en algún otro lugar. Así que me interesé por saber más cosas de Carmen porque me pareció evidente que esta mujer no había completado todas las etapas de la ruptura y que de alguna forma había usado a Agustín con la intención de vengarse (o dar celos) a su anterior pareja. No es la primera vez que me encuentro con algo así. Hay gente que comete el error de vengarse a través de otra relación sin darse cuenta que puede causar mucho dolor a esa otra persona e incluso a sí mismo. Sí, quizá en muchos casos se hace inconscientemente y sin saber las consecuencias que esto tendrá, pero cuando nos damos cuenta de lo que ha ocurrido es ya tarde. Gracias al poder persuasivo de Agustín pude entrevistarme con ella. No fue una consulta al uso, sino que paseamos durante un buen rato por un parque. Ahí descubrí que Carmen se sentía profundamente herida por el rechazo de su marido ya que le sorprendió con otra chica… por lo que pude entender casi los pilló en la cama, como en las películas. Carmen lo había pasado francamente mal ya que descubrió que todo su entorno social sospechaba (o sabía) de las infidelidades de su esposo sin que nadie fuera capaz de advertirla. Era evidente que aún no lo había superado. Después de medicación y visitas a psicólogos y psiquiatras había decidido demostrarse a así misma y al mundo que aún podía gustar y mantener una relación y por eso se inscribió en la web para conocer gente, acaso con la falsa idea de que ya estaba bien del todo. Agustín le pareció, según me dijo, un tipo agradable, atractivo y divertido (curiosamente guardaba un gran parecido físico con el que fue su marido) y de verdad pretendía tener una relación a largo plazo con él; pero los fantasmas del pasado, según sus propias palabras, no dejaban de molestarla y quién pagaba todo era el pobre Agustín, que tuvo que luchar continuamente por ser mejor compañero, mejor cocinero y mejor amante, entre otros, de la expareja de Carmen. Afortunadamente, después he podido trabajar con ella en las habituales sesiones de despacho, descubriendo que efectivamente, había tratado al enamorado Agustín con superioridad y en ocasiones con falta de respeto, tratando de hacerle a Agustín sin querer lo que su pareja anterior le había hecho. Agustín se sintió enamorado desde el principio y por eso aguantó tanto tiempo, como ella misma reconoció. Con todo, de la noche a la mañana ella puso fin a la relación sin importarme en absoluto que Agustín estaba ya emocionalmente muy implicado, acaso porque no le importaba nada. No es que Carmen fuera una mala persona, sedienta de venganza; en realidad ella no era consciente de lo que estaba ocurriendo

Lo que podemos extraer de todo esto es, en primer lugar, la gran importancia que tiene para nuestra integridad emocional recorrer todas las etapas de la ruptura. En segundo lugar, reflexionar antes de empezar una relación (sobre todo si hace poco que rompimos otra) y preguntarnos si de verdad buscamos una pareja o, como le ocurrió a Carmen, sólo un sparring.

Los dos sufrieron mucho con todo esto. Es una pena porque si se hubieran conocido en otro momento estoy seguro que otro hubiera sido el final, quizá un final feliz.