Método K para recuperar a tu pareja tras una ruptura

Primer paso: aceptar la ruptura

1 → Situaciones controlada e incontrolada

Lo habrás leído y escuchado por todas partes durante las últimas horas. Te lo repito aquí una vez más:  lo único que puedes hacer ahora para recuperar a tu pareja es aceptar la ruptura. Aceptar es asumir algo, lo cual no significa que ese algo vaya a permanecer así para siempre. Quizá has perdido una batalla, pero aún no has perdido la guerra. Por lo tanto —y sobre todo si tu deseo es recuperar a tu pareja— debes ahora acatar esa decisión sin ningún miedo. Esto supone que, de momento, 1) no llames a tu pareja; 2) no la escribas ningún tipo de mensaje a través de ningún sistema ni red social; 3) no trates de verla para que te explique los motivos de su decisión; 4) no hables con sus familiares o amigos sobre la ruptura, ni trates de enviarle mensajes a través de ellos; 5) no la espíes6) no te hagas el encontradizo o encontradiza para poder verla; esto implica no ir a buscarla al trabajo o a la puerta de su casa; y 7) no le envíes regalos, nada de flores, bombones…

Aceptar la ruptura y poner en prácticas esos siete puntos no significa en ningún caso que muestres enfado. De modo que si es tu pareja quién te llama o te envía un mensaje, debes contestarle con toda cortesía; como si fuera un buen amigo, un hermano o alguien que quieres. En la conversación, lo más importante, es que no hables de sentimientos. Nada de «qué felices fuimos» o «cuánto te he querido». Exprésate con normalidad y contesta a sus preguntas sin ningún temor. Si te pide que le devuelvas sus cosas o que hagas algo que suponga distanciaros aún más (como desvincular a tu pareja de una cuenta corriente o entregarle las llaves de su casa) accede con cortesía y absoluta normalidad. Insisto: es lo único que puedes hacer para recuperarla.

Para que veamos en profundidad la importancia de aceptar la ruptura, me gustaría que conocieras el ejemplo de la pareja formada por Laura y Alejandro, con la que trabajé hace unos años. Por supuesto los nombres y otros datos del ejemplo son ficticios.

Laura y Alejandro tienen alrededor de treinta y cinco años y viven en una ciudad española no demasiado grande. De momento no tienen hijos. Son pareja desde hace siete años y llevan cinco viviendo juntos (fue ella la que vino a verme pocas semanas después de la ruptura y después también trabajé con Alejandro). Laura me confiesa que desde hace más de un año se siente sola e incomprendida por su pareja, y por eso rompe. Ha tratado de hablar con él en muchas ocasiones para transmitirle lo que siente y lo que cree que le falta a la relación, pero Alejandro nunca se ha tomado en serio sus demandas. Tampoco el sexo funciona desde hace meses porque ella lo considera monótono y él, en consecuencia, poco sugestivo. Laura es licenciada en derecho y trabaja en una multinacional, pero lo que le gusta realmente, lo que le entusiasma, es el arte dramático. Le encanta el teatro y quiere ser actriz. Un año antes de romper la relación le había comunicado a Alejandro que quería inscribirse en una escuela y formarse como actriz en sus ratos libres. Lo lleva pensando mucho tiempo y cree que ahora ha llegado el momento: es su gran ilusión. La mejor escuela de teatro de la ciudad no es precisamente barata, de modo que la economía familiar se verá afectada por las cuotas mensuales que Laura deberá pagar. Ella está dispuesta a hacer el esfuerzo, pero Alejandro no lo ve tan claro. Ser actriz, según él, está muy bien pero no es imprescindible, y si pretenden cambiar el coche e irse de vacaciones a Italia el año que viene, como habían planeado, las clases de teatro tendrán que esperar. No es que Alejandro esté en desacuerdo, simplemente cree que ahora no es el mejor momento. Por su parte, ella nota que a Alejandro el teatro le da igual, que vive ensimismado en un proyecto que su empresa va a llevar a cabo y tal vez lo nombren director económico, lo que supondrá un mayor prestigio y también un mayor salario. También es entrenador de un equipo de baloncesto y pasa muchas horas en el pabellón deportivo de su ciudad o asistiendo a los partidos. Algunos fines de semana Laura le propone ir al teatro o que viajen a otras ciudades para ver representaciones de obras importantes. Al principio de la relación Alejandro estaba encantado con esos viajes y también con las explicaciones de su chica sobre teatro moderno, pero ahora lo considera aburrido. Antes, en esos viajes, hacían el amor apasionadamente en cuanto llegaban al hotel, pero ahora ni eso. Por su parte Laura asistía a los partidos de baloncesto e incluso a los entrenamientos, pero hace tiempo que ya no lo hace.

Laura y Alejandro son una pareja que se distancia a pasos cortos pero continuos, un goteo incesante del que no son conscientes o no quieren serlo, pues en los intentos de conversación nunca se llega a nada.

Un día, harta de no encontrar al Alejandro que conocía, Laura decide poner fin a la relación. Prepara sus cosas y el sábado se traslada a casa de sus padres, en la misma ciudad. Han tenido más conatos de ruptura. En una ocasión, hace un año, ya estuvieron separados dos semanas. Al principio él cree que se trata de una rabieta más, pero pasados dos o tres días entiende que se trata de una decisión bien deliberada. La soledad de la casa se le viene encima y se da cuenta, ahora que tal vez es demasiado tarde, que pese a estar enamorado de su chica no le ha prestado la atención que requería y quizá no se ha portado con ella como debiera. Alejandro insiste en su error y asegura que a partir de ahora todo será diferente; pero ella no le cree. El jueves, cuatro días después de que ella se fuera de casa, Alejandro le envía un mensaje para ver si ha cambiado de opinión. La respuesta es negativa. Sin embargo, él quiere recuperarla porque cree que aún pueden ser felices.

Las primeras horas o días tras la ruptura uno no sabe muy bien qué está ocurriendo en su vida. Se anda desorientado preguntándose qué ha ocurrido realmente. Es como si, de pronto, mientras caminas por la calle o estás concentrado en tu trabajo, alguien vertiera sobre tu cabeza un cubo de agua helada. Durante unos instantes te preguntarías qué demonios ha pasado: no sabes explicarte de dónde ha llegado el frío que ahora sientes, hasta que pasados algunos segundos comprendes lo ocurrido. Hay que evitar a toda costa que esos segundos se conviertan en meses. Un tiempo precioso que perderás para recuperarte emocionalmente e intentar reanudar esa relación. Por eso, lo más inmediato para recuperar a tu pareja es que aceptes que esa persona no está contigo y que tu vida ha cambiado. Entiéndelo, si quieres, como algo temporal; quizá has perdido una batalla, pero el final de la guerra aún está por decidir. Lo más importante es que dejes de lamentarte por las cosas que tal vez hiciste mal en el pasado y centrar tu mirada en el futuro, en lo que puedes hacer ahora para intentar recuperar a tu pareja. Empecemos por entender las causas que han podido romper tu relación.

Para Alejandro o para cualquiera otra persona pueden darse dos situaciones bien distintas dependiendo de si se acepta o no se acepta la ruptura, y en consecuencia se pierda o no la calma. Veamos las consecuencias de cada una de estas situaciones

Una situación controlada sería aquélla en la que Alejandro acepta lo ocurrido con calma y toda la serenidad posible. No insiste en llamar o en enviar más mensajes, ni tampoco se enfada ni bloquea a Laura en WhatsApp o en Facebook, ni la elimina del resto de redes sociales que ambos comparten. Simplemente, decide hacer caso a lo que su pareja le ha expresado claramente y no volver a molestarla con mensajes o llamadas. Dos o tres días después es ella quien llama porque necesita un libro que ha olvidado en casa. Alejandro, que quiere recuperarla a toda costa, prefiere darle el libro fuera de la casa y se citan en una cafetería. Al verla le sonríe con normalidad. Charlan como si fuera una buena amiga y no deja mostrar ninguna hostilidad ni nerviosismo. En el último momento le pregunta qué tal se encuentra para comprobar si ha cambiado de opinión y si lo del libro era sólo una excusa para verlo; pero es evidente que no: la decisión sigue siendo firme. Cuando se despiden y la ve perderse por la calle, Alejando se da cuenta de que iba muy arreglada, con un vestido nuevo y con un perfume que hasta ahora no había usado. Lo primero que piensa es que ha conocido a otro hombre y que tal vez todo esté perdido, pero después reflexiona y haciendo uso de la calma y del sentido común, piensa que ir con vestido nuevo o con perfume diferente no significa realmente nada. Así las cosas, Alejandro dedica varios días a leer artículos y a ver vídeos en Internet sobre cómo recuperar a una pareja. Todos ellos coinciden en que lo mejor, si lo que pretendes es recuperar a tu pareja, es romper toda comunicación: el famoso «contacto cero». Eso mismo le han recomendado sus amigos y en general la gente que le rodea.

En tu caso, igual que le ocurre a Alejandro, las primeras horas son de vital importancia para intentar recuperar a tu pareja. De modo que, si hace pocos días que se rompió tu relación, lo mejor en este momento es no hacer un drama y que mantengas la situación bajo control. No te pongas nervioso o nerviosa y aunque tengas muchas ganas de ir a su casa con un ramo de flores (o con cualquier otro regalo) para arrodillarte y suplicarle que te perdone por todo lo mal que te has portado, no lo hagas. Tampoco creas que tu pareja tiene obligación de sentarse delante de ti a escuchar lo que tienes que decirle; puede no querer hacerlo. Tampoco le supliques, ni vayas a llorar bajo su ventana porque cualquier cosa que hagas o digas en este momento puede distanciarte más. No le envíes mensajes de texto, correos electrónicos, WhatsApps, ni uses ninguna otra forma de comunicación ya sea directa o a través de alguna red social. Aún menos uses a un amigo de tu pareja y menos aún a un familiar, para contarle lo que ha pasado entre vosotros y desahogarte. Es igual de importante que seas lo más discreta o discreto posible. De modo que si tu pareja te ha dejado claro que no quiere seguir con la relación lo mejor que puedes hacer es aceptar su decisión y romper la comunicación. A esta ruptura de la comunicación, este primer paréntesis, nosotros vamos a llamarle cortafuegosya que como un verdadero cortafuegos, evita que el incendio se extienda.

Un segundo escenario sería la situación incontrolada, aquella en la que no se acepta la decisión tomada por quién rompe la relación. Imaginemos la misma pareja y las mismas circunstancias. Laura se marcha a casa de sus padres y Alejandro, desesperado tras recibir dos negativas para hablar con ella, se presenta en la oficina de Laura con un enorme ramo de rosas que le ha costado una fortuna. Puede que en otras ocasiones lo de las rosas funcionara, pero no ahora. Ella sale a recibirle y acepta el ramo, pero le pide que se vaya. Le explica una vez más que ha tomado la decisión de separarse y esta vez va en serio. Alejandro, desencajado, se arrodilla para pedirle perdón porque sabe de veras que se ha confundido. Llora y finalmente se marcha a casa y se encierra durante dos o tres días, en los que también falta al trabajo. Alejandro no entiende cómo puede haber ocurrido una cosa así. Recuerda que apenas un día antes de la ruptura, acaso unas horas antes, habían hecho el amor con la pasión de siempre. ¿Por qué no le da otra oportunidad? Él la quiere y en ella también hay amor, se lo han repetido muchas veces. En este escenario Alejandro pasa uno de los peores fines de semana de su vida. Sólo ha salido un momento a comprar cigarrillos (él, que había dejado de fumar hace años) y regresa a casa para encerrarse entre las cuatro paredes de su casa. En la soledad le sitian los recuerdos y comienza a pensar que tal vez haya otro hombre en la vida de Laura. Recuerda el perfume y el vestido nuevos cuando quedaron para devolverle el libro y comienza a ser víctima de pensamientos irracionales, es decir, comienza a creer cosas que sólo están en su imaginación: se desmorona al creer que Laura lleva ese vestido porque está citada con otro hombre con quién tiene una relación, cuando en realidad era un vestido que Laura tenía olvidado en casa de sus padres y el perfume era sólo una muestra que había encontrado en el fondo de un bolso. Alejandro, sin afeitar y vestido de cualquier forma se presenta de nuevo en la oficina de Laura para preguntarle si es cierto que hay otro hombre en su vida. Ella le contesta que no, y de nuevo le explica los motivos por los que ha dejado la relación. Por último, le pide que no vuelva por allí al menos en horario de trabajo. El siguiente tropezón es continuar enviándole mensajes a todas horas diciéndole que fueron muy felices y preguntándole con quién chatea en WhatsApp, ya que últimamente no hace más que comprobar si ella está en línea. Obviamente, Laura ve invadida su intimidad y decide bloquear a Alejandro en todas las redes sociales.  En pocas semanas, casi de la noche a la mañana, Alejandro se ha convertido en alguien indeseado para ella. El colofón fue, casi un mes después, acudir a Ana, una de las amigas de Laura, para pedirle que interceda por él. Ana no sólo se niega, sino que le cuenta a su amiga sus intenciones y además le detalla lo desmejorado que está Alejandro.

Es posible que tú mismo o tú misma hayas protagonizado una de estas situaciones incontroladas y hayas cometido algunos de estos errores. No te preocupes. El proceso psicológico y emocional habitual es pasar por una primera etapa en la que con mayor o menor intensidad se niega la realidad. Es posible que tú también hayas suplicado a tu pareja o que le hayas pedido entre lágrimas que te perdone. Ten paciencia y no te culpes de nada por el momento. Lo importante, si has cometido esos errores, es que te des cuenta de que ese no es el camino. Puede que aún no esté perdida la relación. Lo importante es que pongas en marcha la estrategia del cortafuegos (como en las siguientes páginas verás) y te retires del escenario inmediatamente. Cuanto más tiempo estés así, más posibilidades tendrás de sumar errores. Por eso es mejor que cortes toda comunicación con ella o con él y prepares la estrategia que podrás encontrar en estas páginas.

© Carlos García. Método K para recuperar a tu pareja. Madrid 2017  ISBN 978-84-617-7853-9

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