Introdución al «Método K para recuperar a tu pareja tras una ruptura»

Introducción

Llevaba menos de dos años ayudando a gente con problemas sentimentales cuando me topé con el caso de Fernando, un joven profesor de educación física que había perdido a su pareja tras varios años de convivencia. Llegó a la consulta con pocas esperanzas de recuperar a su novia porque, aseguraba, la había visto muy convencida del paso que daba. Comenzamos a trabajar recordando algunos datos biográficos de Fernando, precisando objetivos y explorando las diferentes posibilidades de acción, como es habitual al iniciar un caso. Todo iba bien hasta que al final de esa primera entrevista le pregunté directamente por su estado de ánimo y si se encontraba con suficientes fuerzas como para enfrentarse a las tareas que habíamos empezado a definir. Fue entonces cuando Fernando se derrumbó y entre sollozos me explicó lo que verdaderamente sentía. «¿Recuerdas las películas de vaqueros? —me preguntó con los ojos vidriosos—. En esas películas siempre había una secuencia en la que disparaban a alguien mortalmente y con las manos en el vientre ensangrentado caminaba hacia atrás a cortos pasos buscando una pared donde caer muerto». Le contesté que identificaba la escena. «Pues a mí me ocurre lo mismo —concluyó tras un silencio.— Me han disparado mortalmente, de hecho estoy ya muerto. Soy un muerto que busca un lugar donde caer».

 

Fernando tenía un trabajo estable y no padecía problemas económicos de ningún tipo; era un hombre atractivo y popular entre sus amigos. Había tras de él una familia que lo apoyaba, no tenía en absoluto ningún problema de salud y, sin embargo, en ese momento, toda su existencia y su capacidad vital se habían concentrado en el problema de la pérdida de su pareja. Era lo habitual, lo que solía encontrarme en mis consultas salvo por un detalle: hacía casi un año que Fernando y su novia habían roto. Un año es demasiado tiempo para que una vida permanezca detenida. ¿Por qué había dejado pasar tanto tiempo? ¿Qué percepción de sí mismo y del mundo tenía para verse como un muerto viviente? Como inmediatamente le expliqué —y como en las páginas siguientes podrás encontrar—  conseguir que tu pareja vuelva contigo tras una ruptura es una meta bien definida que requiere recorrer cierto camino; algo que ni siquiera él había comenzado.

Algo aprendí sobre el modo de definir y enfrentarse a objetivos en los años en los que colaboré como ayudante en psicología del deporte en algunos clubes de piragüismo en los que yo mismo había sido deportista. A primera vista puede parecer que el deporte tiene poco que ver con los problemas de pareja en general y de cómo recuperar una pareja en particular, pero en realidad no es así. En ambos casos se trata de lograr unos objetivos bien delimitados en un ambiente que entraña dificultades como ocurre en el deporte de competición. Recuperar una pareja también es conseguir una meta y su logro dependerá de cierta estrategia, cierto control mental y de la forma en la que hayamos preparado la prueba.

Cuando un deportista pretende clasificarse para un torneo a nivel internacional, por ejemplo, debe someterse a una preparación intensa en todos los sentidos. Esto incluye la alimentación, un entrenamiento adecuado, una disciplina en horarios de sueño y de trabajo, etcétera. Además, necesitará una preparación mental y una motivación que le ayude a mantener esa dinámica y le permita definir estrategias para, llegado el momento de la prueba, aprender a controlar las emociones aumentando así el rendimiento.

Pero el motivo por el que comencé a preocuparme por los problemas de pareja sobrepasaban estos supuestos puramente deportivos.

Todo empezó a finales de los noventa en uno de aquellos clubes de piragüismo, donde se dio la circunstancia de que en pocos meses varios deportistas rompieron sus relaciones sentimentales, cayendo, de la noche a la mañana, en la habitual depresión personal y consecuente abandonando sus entrenamientos, su alimentación y en general toda la disciplina de preparación. Esto provocó una pequeña crisis en ese club porque su participación quedaría desierta en varias pruebas a nivel nacional, e incluso peligraba la prestación económica de algunos patrocinadores. Así, la Junta Directiva del club nos pidió que atendiéramos el asunto, que me fue personalmente encomendado. Me interesé entonces por extraer de los manuales de psicología relacionados con la pareja todo lo relativo a las crisis, así como el modo de paliar el duelo que una pérdida supone, pero sin resultados positivos. En aquellos primeros casos me empeñaba en intentar retomar las relaciones en el mismo lugar en el que se habían roto, acaso como una Celestina, intentando convencer a quién había dejado la relación para que volviera, argumentándole que todo sería diferente esta vez, por supuesto sin conseguir nada.

Fracasé en todos los intentos sin excepción. Luego descubrí que algunos de esos casos se resolvieron meses después, justo cuando la persona que había sufrido la ruptura se daba por vencida. Retomé en esos casos las entrevistas, pero ahora con ambos miembros de la pareja ya reconciliada tratando de buscar una explicación a lo ocurrido: ¿qué transformación se había dado en esa persona para que ahora no fuera rechazada como lo había sido meses atrás? Fue así como entendí que tras la ruptura existe un periodo de reconstrucción personal que entonces dividí, atendiendo a los síntomas que se observan, en tres partes: el duelo, el análisis y la liberación.

La ruptura supone una depresión personal desde la que no es posible acometer el intento de recuperación. Para que esto ocurra es necesaria una superación, un proceso de transformación, un camino que el sujeto debe recorrer para estar en condiciones de retomar la relación. Pero no es un camino al uso, en el que se avanza con regularidad, sino que con frecuencia se retrocede en un momento todo lo que en varias semanas hemos avanzado, o bien no se avanza nada en muchos meses, como le ocurrió al propio Fernando. Lo habitual es que las etapas se solapen y se mezclen unas con otras hasta llegar por fin a liberación y la reconstrucción total.

Con el estudio de otros muchos casos descubrí, por un lado, que esas tres etapas en realidad eran cinco: la aceptación, el duelo, el análisis, la liberación y la reconstrucción; y por otro, que la parte central y más importante de todo el proceso es el análisis. Fernando se encontraba atrapado en la primera de las etapas sencillamente porque no había analizado en absoluto su situación; en realidad el fogonazo de la ruptura lo había cegado de tal forma que ahora no sabía quién era, ni era capaz de ver otras posibilidades para seguir con su vida, con o sin su novia. Su vida se había llenado de sombras, de monstruos y figuras por él mismo inventadas que poblaban su vida y le impedían acercarse a la realidad. Aparte del tiempo que llevaba anclado en la primera de las etapas, el caso de Fernando no era especial: sólo necesitaba analizar su vida con rigor y separar lo real de lo inventado para comprender lo que había ocurrido en su relación y poder enmendarlo llegado el momento. Fernando sólo necesitaba, siguiendo la máxima socrática, conocerse a sí mismo. Necesitaba comprender que para avanzar en su vida —e intentar recuperar a su chica— era necesario tener un conocimiento claro de la verdad y de sí mismo. Necesitaba analizar si lo que había causado el derrumbe de su vida sentimental tenía solución o si la imagen que tenía de sí mismo era la adecuada, la real. Pero todo este proceso de análisis necesita de varias semanas —en este manual propongo un total de veintiuna—; un tiempo que debes darte a ti mismo para transformar lo caótico en ordenado, lo probable en cierto y lo subjetivo en innegable. Es un tiempo muy especial, es la idea de momento oportuno que fue usada por los filósofos de la Grecia clásica y por otros autores posteriores incluido Pablo de Tarso en los textos que configuraron La Biblia. Me refiero al término Kairós, concepto que bien podemos traducir como «la acción o la decisión para conseguir algo que se produce desde el desorden»[1], de donde este Método recibe su nombre: Método K.

La depresión por abandono, que es como en psicología clínica se denomina a este periodo tras la ruptura, puede prolongarse hasta dos años, aunque lo habitual para superar la ruptura y ser capaces de volver a amar con libertad son unos doce meses. Durante este tiempo el sujeto anda deambulando por el mundo mientras los síntomas de las cinco etapas antes descritas pasan por él sin que ni siquiera sea consciente de ello. El Método Kpretende que te veas a ti mismo o a ti misma con rigor analítico y seas consciente del momento del proceso en el que te encuentras. De esta forma acelerarás el proceso en varios meses y serás capaz así de abordar el intento de recuperar con un mínimo de éxito. Se trata, por lo tanto, de un periodo de transformación, en el que debas adquirir un conocimiento de ti mismo o de ti misma mucho más cercano, objetivo y riguroso. Es la máxima socrática de conócete a ti mismo que no podrás llevar a cabo sin abrir tu mente al conocimiento de lo acontecido, así como sin las correspondientes dosis de esfuerzo. Quizá la experiencia de la ruptura te enriquecerá casi más que ninguna otra en la vida; úsala para transformarte en mejor persona. Suerte.

[1] Existen numerosas referencias en la filosofía griega al término kairós, sobre todo en relación a dos conceptos relativos al tiempo como son chrónos y aión. La más importante es la que cita Platón en República II, 370 b.

© Carlos García. Método K para recuperar a tu pareja. Madrid 2017  ISBN 978-84-617-7853-9

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