EN MI COLEGIO DE PRIMARIA, en Madrid a principios de los ochenta, el recreo duraba media hora. Era entre las once y las once y media. Después siempre teníamos clase de matemáticas, la asignatura que peor se me daba y cuyos deberes se me quedaban sin hacer la inmensa mayoría de las veces. Cuando tocaba el timbre que anunciaba el inicio del recreo, todos los chicos bajaban las escaleras hacia el patio arrollándose de alegría, especialmente los días de sol. Era el recreo.

Yo, sin embargo, empezaba a preocuparme  por los deberes de matemáticas (sin hacer) y en la cara de Don Rodrigo cuando me sacara a la pizarra y le dijera que no había resuelto las ecuaciones que había mandado como tarea el día anterior. Esto me producía angustia y un malestar que no me dejaba disfrutar del recreo como el resto de compañeros. Quizá los primeros quince minutos sí disfrutaba jugando al baloncesto, o al fútbol, o correteando por ahí con el resto de chicos, pero luego, inevitablemente, comenzaba a pensar en lo poco que me quedaba para encontrarme con la sotana de Don Rodrigo y su calva sembrada de perlas de sudor, exhortándome a que resolviera la tremenda ecuación que había escrito en la pizarra: “¡García, salga usted!”.

La vida, he pensado después, es como el recreo del colegio: un tiempo para disfrutar y ser felices en lo posible. Pero todo depende de nuestra decisión y de la forma que uno tenga de pensar e interpretar el recreo (o la vida). Recuerda que terminamos siendo lo que pensamos, nos convertimos en aquello que queremos ser. Si quieres ser feliz, quizá puedas ver que hay cosas que no están en tu mano, que no puedes resolver y que preocuparse por ellas es absolutamente inútil. Si tú quieres puedes estar triste todo el tiempo del recreo porque no has llevado las tareas terminadas y posiblemente el profesor te recrimine y te lleves una calificación negativa. Pero ya es tarde para pensar en todo esto. Ahora estamos en el recreo y la mejor decisión es no anclarse en el pasado y disfrutar. Y digo anclarse en el pasado porque el problema se originó la tarde anterior, cuando en vez de ponerme a resolver las ecuaciones de Don Rodrigo, preferí ver la televisión. Esa fue una decisión del pasado que ya no puedo modificar: el pasado está fuera de mi alcance.

Esto ocurre con muchas personas que tras una ruptura de pareja se quedan paralizadas en el pasado. Se quedan detenidas evocando los tiempos en los que fueron felices, lamentándose de lo que pudieron hacer para recuperar a su pareja cuando veían que la relación se hundía, pero que no llegaron a hacer. Esta es una decisión tuya: anclarte en el pasado no te llevará a ningún lugar, porque el pasado no existe, se fue para no volver.  Si tu deseo es volver con tu ex, recuperar el amor de tu pareja, quizá lo más productivo sea preocuparte de las cosas que puedes hacer ahora y no de las que no hiciste. Pregúntate mejor, en primer lugar, qué cosas quieres cambiar de ti, y en segundo lugar qué cosas puedes hacer para volver o intentar volver con ella o él; y sobre todo disfruta del recreo porque el tiempo es limitado.

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