HAY UN FAMOSO chiste que habla de un borracho que busca algo en mitad de la noche bajo la luz de una farola.

Al cabo de un rato un policía se acerca para preguntarle qué hace, a lo que el borracho responde: “Buscando las llaves de mi casa”. El policía se hace cargo de la situación y comienza él también a buscar las llaves. Después de unos minutos de búsqueda el agente le pregunta: “Está seguro que las ha perdido por aquí”. A lo que el borracho responde: “No. Las he perdido más allá en ese jardín, pero allí está muy oscuro y no podré encontrarlas”.

Más allá del chiste resulta que con las rupturas de pareja ocurre con mucha frecuencia algo parecido: creemos que lo que sirvió para crisis anteriores puede servir para las actuales sin tener en cuenta que las personas y, sobre todo, las parejas, evolucionan y cambian constantemente. Es como funciona nuestro cerebro: busca la misma herramienta que usó en otra ocasión porque entonces funcionó, de igual forma que asimila modelos o imágenes nuevos a otros que ya conoce.

Pero la realidad es que el ser humano no es algo estático, sino lo contrario, somo puro movimiento. Las personas somos potencia, posibilidad, proyecto… Nuestra esencia como especie es precisamente esa: que no dejamos de aprender, de cambiar, de evolucionar, ya sea en un sentido u otro dejamos de ser lo éramos para convertirnos en otra cosa.

El resultado es que para solucionar un problema nuevo, tal vez no nos sirva una solución que funcionó en el pasado, sencillamente porque nosotros hemos cambiado; aunque el problema sea aparentemente el mismo, nosotros no somos los mismos y tratar de buscar una solución que en otro tiempo funcionó es como buscar las llaves bajo la luz de la farola porque ahí es donde se ven las cosas.

Hace poco me llamó alguien que ya conocía, es decir, alguien a quién había ayudado en una ocasión hace unos diez años a recuperar a su pareja. En aquella ocasión había cometido el error de agobiarla con demasiados mensajes e incluso intentó llamar su atención enviándole regalos. La cosa estaba tan mal entre ellos que aplicando el contacto cero, y alguna estrategia más, todo funcionó bien y la pareja se arregló. Ahora después de diez años han tenido otra ruptura y la persona que me llamó trató de solucionarlo usando los mismo métodos que entonces usamos. Efectivamente el resultado no era el mismo.

Se trata de una pareja de unos 45 años él y 40 ella que son pareja desde hace unos 20 años. aunque el motivo de la crisis entonces y ahora ha sido el mismo, una supuesta infidelidad con una compañera del trabajo, hace 10 años eran personas totalmente distintas. La vida no se ve igual con 30 años que con 40 y la relación estaba en un punto de madurez también diferente. Por eso no funcionaron los mismos métodos.

La conclusión a todo esto es que no hay remedios universales. Sin bien existen ciertas líneas maestras muy sencillas, para recuperar una pareja o solucionar cualquier problema psicológico, es decir relacionado con el comportamiento, es necesario examinar y evaluar cada situación para darle una única respuesta. Piensa que lo que puede servirte a ti tal vez no me sirva a mí porque somos totalmente diferentes, tenemos una educación distinta, un pasado diferente y unas experiencias que tal vez no se parezcan en nada.