UNO DE LOS capítulos del Método K trata de las causas más habituales de ruptura, o dicho en los términos de John Gittman —autor de «Los siete principios para que una relación funcione»—, de las acciones tóxicas en una relación que pueden terminar con ella.

En este post vamos a tratar la primera de estas acciones toxicas: la acción de criticar y culpar al otro, y en otros sucesivos, las otras tres acciones que Gittman analiza en su libro.

La crítica, en sentido estricto, no es algo negativo porque criticar significa separar, cribar, es decir, desmenuzar y diferenciar los componentes de algo para entenderlo. Es un proceso muy saludable y necesario para aquellas personas con inquietudes que tratan de aprender y mejorar cada día. El espíritu crítico es lo necesario para que no nos engañen en cláusulas de un contrato o para entender el argumento de una película o una novela. Sin embargo, no es la crítica constructiva a la nos referimos aquí, sino aquélla que algunas personas llevan a cabo en el ámbito de la pareja (aunque se puede extender a otros ámbitos de la vida), para evitar mirarse y responsabilizarse de determinadas actuaciones, quizá porque se siente mal consigo mismo y, sobre todo, porque existen frustraciones y deseos sin completar en su vida.

Hace tiempo conocí el caso de un matrimonio maduro, sin hijos, que rondarían los sesenta años. Ella se quejaba de la actuación de su marido pues constantemente criticaba y reprimía cualquier acción que llevaba a cabo o incluso le proponía. Vistos desde fuera parecían una pareja normal, pero en realidad él (como supe en una entreviste en solitario) arrastraba una terrible frustración porque no había conseguido demasiados méritos profesionales en comparación de su esposa, que sí había conseguido un reconocimiento social y laboral importante: era secretaria judicial, daba clases en una universidad, además de tocar el piano y escribir una novela que cuando yo los conocí estaba a punto de ser publicada. Él, sin embargo, era empleado de banca y parece que se sentía disminuido, se sentía poca cosa en comparación con su esposa; se venía más pequeño y se sentía frustrado por algo que quiso ser y no consiguió en comparación con su mujer.

La clave está en aceptar lo que somos. Quizá no nos guste o no estemos satisfechos con lo que hasta ahora hemos conseguido, pero eso no debe distraernos en conseguirlo: los seres humanos somos futuro, como decían los filósofos existencialistas; y por lo tanto siempre tendremos posibilidades de conseguir lo que nos propongamos. Pero sobre todo, no podemos trasladar nuestras frustraciones a quién tenemos al lado porque, de alguna forma es tirar piedras contra tu propio tejado.

En resumen, dejar muy claro que las críticas hacía tu pareja, recriminarle sus actuaciones, sus preferencia, sus gustos son actuaciones que limarán tu relación de pareja, acortarán su vida. Tu pareja dejará de contarte las cosas que le importan y dejarás de tener importancia en su vida. Quizá haya comportamientos de tu pareja que no te gusten o no apruebes, pero en vez de criticarlo, lo mejor es intentar ponerse en su lugar, acercase para intentar comprenderlo. Da soluciones alternativas, ofrece otras posibilidades.

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