SUELO ENCONTRAR en mis consultas con demasiada frecuencia algo que no termino de entender del todo y que en una reunión informal expuse a unos antiguos compañeros y profesores de mi universidad. Algunas personas me cuentan en la primera consulta -les dije- que el mismo día de la ruptura, o quizá el día anterior, hicieron el amor con sus parejas con tanta pasión como el primer día; incluso tuvieron sexo varias veces pocas horas antes del fatal desenlace. «¿Cómo es posible que después me dejara?» Me preguntan. La verdad es que parece extraño que uno tenga ganas de hacer el amor con alguien con quién va a romper inmediatamente. Alguien en esa reunión dijo que realmente la forma de entender el sexo estaba cambiando, y se refirió a un artículo publicado en la revista Archives of Sexual Behavior, donde se pone de manifiesto a través de un estudio realizado en los Estados Unidos (que entendemos extensible a otros países desarrollados), que la gente tiene muchos menos encuentros sexuales al año, y además de menor calidad o satisfacción, que en la década de los setenta o los ochenta. Al parecer, la cifra disminuye en todas las edades en personas con pareja estable, en los que son novios y también en los solteros con relaciones esporádicas. O sea que eso de que los solteros lo hacen más y mejor, ya es cosa del pasado. Los motivos de este descenso en el número de veces que hacemos el amor, y en general de estos cambios, son varios, pero sobre todo podemos resumirlos según ese estudio en dos.

En primer lugar, la edad en la que encontramos una pareja estable y convivimos con ella ha subido considerablemente. En los años ochenta del siglo pasado, la gente solía casarse alrededor de los veinticinco o treinta años, y hoy ese momento está más cerca de los treinta y cinco. La causa de este retraso, efectivamente, tiene raíces económicas: la gente tarda más tiempo en formarse y también más tiempo en encontrar un empleo suficientemente remunerado como para alquilar o comprar una casa donde vivir con tu pareja.

El otro factor está relacionado con la tecnología y la enorme oferta de ocio y distracción que encontramos a través de las pantallas de nuestros dispositivos. Es muy habitual que ahora tengamos una enorme televisión de plasma en la pared del dormitorio para ver la serie de moda, lo cual es un gravísimo error: la habitación está para descansar y para tener la intimidad que todas las parejas necesitan: si tienes una televisión en tu dormitorio es mejor que vayas pensando en ponerla en otro sitio. Si no hay televisión, la costumbre ahora parece que es consultar en el teléfono la cuenta de correo electrónico, mirar Facebook en la tablet o buscar algo que te interesa en Amazon. No deja de ser paradójico, porque a través de esas pantallas accedemos con más facilidad que nunca a contenidos sexuales, y sin embargo los usamos para otro fin. El caso es que la tecnología, cada vez más presente, parece que está acabando con muchos y sanos aspectos de nuestra vida. ¿Será este el principio del fin?

Quizá lo aconsejable es que si crees que tienes pocos encuentros sexuales con tu pareja y esto es un problema para ti, hables con ella o él de lo que os está ocurriendo. Pero no se trata de una conversación de un solo día, de una o dos horas; se trata de conocer mejor a tu pareja en un proceso que no puede detenerse. La rutina de todos los días arrincona cosas que se dan por hechas, y esto termina por olvidarse de esas cosas. Viajar a solas, compartir una tarde en la que no hagáis otra cosa que estar con el otro. Las personas cambian a lo largo de su vida y si en otro tiempo conocíamos a nuestra pareja, ahora quizá se han ido dando cambios que hemos pasado por algo. Es muy importante que conozcamos quién es nuestra pareja, como de igual forma debemos conocernos a nosotros mismos. Recuerda: para amar a alguien es necesario conocerlo.