CUANDO UNA RELACIÓN se rompe siempre queda la experiencia agridulce de un tiempo vivido en común, además de un montón de recuerdos que son difíciles de olvidar. Quizá ahora vemos que nuestros errores provocaron la ruptura, e intentamos recuperar quién fue nuestra pareja. Después de algunos años trabajando como coach, precisamente en este terreno, me he dado cuenta que recuperar una pareja tiene mucho que ver con conseguir que una semilla germine: sólo hay que hacer unas cuantas cosas, no demasiadas. Sí, suena muy bien, ¿pero de qué cosas hablamos?

Hubo un tiempo en el que yo era aficionado a la jardinería. En mi casa hay un amplio jardín y por aquel tiempo disfrutaba empleando algunas tardes a la semana en cortar el césped, cuidar los rosales o podar los árboles que lo habitaban. Fue entonces cuando empecé a enterrar la semilla de alguna fruta (quizá de la manzana o naranja que me sirvieron de postre) con la intención de que pudiera trasplantarla después en algún lugar del jardín y allí se convierta en un árbol. Algunos de esos árboles ahí siguen dando sombra e incluso frutas. Si has probado a hacer esto alguna vez, ya habrás comprobado que no siempre las semillas terminan germinando. Tú has regado y cuidado con cariño todas las maceta con semilla, lo has hecho todo lo bien que sabes, sin embargo unas germinan y otras, tras unos meses, entiendes nunca lo harán. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué unas sí germinan y otras no? Los motivos pueden ser muy variados pero sólo tienen dos orígenes: o bien es un problema de la semilla o bien es un problema de la tierra.

Efectivamente, algunas semillas que no germinan quizá porque se trata de frutas que salieron de un árbol modificado genéticamente, o quizá porque las frutas a las que pertenecieron no estaban del todo maduras, aunque sí comestibles. Es decir, de esas semillas nunca podría haber brotado una planta por muy bien que las tratáramos. Al enterrar la semilla nunca sabemos si ésta es buena o no, simplemente nos limitamos a sembrarla y hacer todo lo bien que sabemos la parte que nos corresponde: colocarla a la profundidad justa, regarla con agua a una temperatura adecuada y en las dosis necesarias, abonarla, exponerla a los rayos solares en su justa medida…  ¿Puede hacerse algo más? Si por alguna peregrina razón piensas que tu vida depende del brote de esa semilla, si crees que es algo absolutamente transcendental para tu felicidad y tu vida está en juego (como mucha gente cree al tratar de recuperar a una pareja), quizá te pongas a bailar alrededor de la maceta la danza del fuego, o te lleves la maceta contigo a la ópera para que se empape de la música de Verdi, o recites extraños sortilegios en su presencia. Mi opinión es que todo eso, perturbará tu tranquilidad e impedirá que des los pasos adecuados para completar tu objetivo. Pero lo que es peor, quizá todo eso perjudique a la semilla y consigas el efecto contrario. ¿Qué hacer entonces? Pues determinar qué puedes y qué no puedes hacer para conseguir lo que te propones, y después centrarte en esos pasos, descargando de tu mente pensamientos irracionales que no te llevarán a nada.

Tanto el Método K como en mis consultas, trato de ayudar a que tu semilla germine. Pero no se trata de señalar el camino que debes recorrer, sino trabajar para buscarlo entre los dos. El coach no es un consultor y por lo tanto no puede indicar lo que puede o debe hacer otra persona para conseguir su objetivo. La psicología del coaching para recuperar una pareja, recuerda, es un método de actuación psicológica no directiva, es decir, un actuación en la que no se interviene dando pautas concretas, sino que éstas hay que descubrirlas a través de las preguntas y herramientas propias de esta especialidad.

Pero incluso así, después de haber trabajado con todo rigor y haber hecho todo lo adecuado, puede que tu pareja no regrese como también hay semillas que no germinan. Simplemente debes seguir tu camino sin el peso de la culpa, pensando que hiciste lo correcto y orgulloso de haber aprendido la lección.